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La Guerra del Creyente
– 7 I. Introducción A. Hace ya varias semanas (con algunos intervalos) venimos estudiando acerca de la guerra en que cada creyente se enfrasca desde el momento que acepta a Cristo Jesús como Salvador personal. 1. Quien ha hecho un pacto con Cristo a través del bautismo sabe muy bien como que de repente los problemas comienzan a aparecer o aumentan explosivamente. 2. La entrega a Cristo Jesús parece intensificar la guerra. Alguien podrá decir, “por eso yo todavía no tomo mi decisión, por eso mejor no me bautizo.” ¿Será que eso resolverá el problema? ¿Qué creen ustedes? 3. Escuchen bien, el Señor Jesús dijo, “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro” (Mateo 6:24). 4. La realidad es que la no decisión ya es una decisión. El no echar tu suerte con Cristo Jesús, dice el Señor, “El que no es conmigo, contra mí es” (Mateo 12:30). No tengas miedo entregarte a Cristo. No hay por qué temer echar la suerte con Cristo Jesús. Escucha a dos de las promesas que él hace: a) “Porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). b) La otra es, “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20b). B. S. Pablo nos ha provisto con el esquema de los recursos divinos disponibles para vencer en todas las batallas contra el enemigo. Dios provee esa armadura porque la guerra no es fácil. Las batallas a veces se vuelven violentas. 1. Efesios 6:10-17 es uno de los pasajes más críticos en toda las Escrituras, pues no importa cuán buena sea tu teología, cuán sólida sea tu comprensión de doctrina, cuán fuerte sea tu voluntad, el enemigo buscará tu área vulnerable, y la conoce muy bien. 2. Satanás utiliza todas sus estratagemas. Voy a decirte algo que te puede sorprender inicialmente, pero si hay algo que debes aprender esta mañana, esto es lo que quiero que aprendas. 3. Parte del engaño de Satanás es hacerte pensar que la pérdida de una batalla, que una caída, es suficiente para ser rechazado por Dios. No hay nada más lejos de la verdad. 4. Satanás no quiere que sepas que el problema no es la caída; toda batalla perdida, todo resbalón, no importa cuán duro haya sido, Dios es capaz de perdonarlo. Dios es capaz de apagar todo tu pasado. Todos los que caemos, desde el punto de vista personal, podemos levantarnos y Dios nos restaura como si nunca hubiera acontecido. Gloria a Dios por eso. B. Habiendo dicho eso, sin embargo, hay dos áreas de ataque frontal que Satanás busca con tu caída, con mi caída. 1. La primera es que aunque él sabe muy bien que de la caída te puedes levantar y hasta sabe bien que Dios te puede perdonar, lo que el enemigo realmente busca con tu caída es dejar secuelas, dejar huellas, dejar consecuencias; quiere dejar marcas en tu vida. a) Satanás no se preocupa tanto con el hecho que Dios perdona tus fracasos, lo que él quiere es abrir heridas, dejar cicatrices, dejar evidencias de de ese fracaso en tu vida. b) Tus malas decisiones Dios
puede perdonarlas si te arrepientes, pero el perdón no borra
las consecuencias. 2) Dios es capaz de perdonar a una prostituta, a un homosexual, pero las consecuencias (SIDA o AIDS) permanecen. 3) A veces cinco minutos de placer físico es capaz de transformar la vida de una adolescente haciéndola madre soltera, y en la mayoría de los casos perdiendo su futuro a los 14, 15 o 16 años. c) Dios perdona, pero el enemigo busca aplastarte con las consecuencias por el resto de tu vida. 2. La segunda área de ataque frontal del enemigo es: ¿haz escuchado a personas, muchas veces jovencitas, decir, “es mi vida, es mi cuerpo, yo hago lo que quiero”? Esa es precisamente la segunda mentira en que Satanás quiere hacerte caer. a) John Donne dijo que nadie es una isla. No vivimos en un vacuo. Las caídas que Satanás busca son aquellas con las que puedas arrastrar a otros al sufrimiento, especialmente a seres queridos. Las personas que nos aman se ven forzados a sufrir con nuestros fracasos. b) ¿Conque es tu vida? ¿Conque es tu cuerpo? ¿Recuerdas lo que hizo con la familia aquel día en que cierto pariente chocó tomado? c) ¿Recuerdas lo que hizo con la familia el embarazo de fulanita a los 15 años? ¿Recuerdas cómo sufrieron aquellos padres? ¿Recuerdas cómo mamá tuvo que dejar de trabajar para poder cuidar al recién nacido? ¿Recuerdas cuánto afectó las finanzas del hogar? d) ¿Recuerdas aquella otra ocasión cuando fulanito se metió en problemas y tuvieron que vender el carro para pagar la fianza? 4. Satanás usará toda su diabólica fuerza para hacerte caer para dejar secuelas y para arrastrar a otros en tu derrota. Muchas veces la iglesia es afectada, y eso es lo que Satanás busca. Lo que Satanás busca es producir toda una vida de arrepentimiento de cinco minutos de placer. II. La necesidad de la coraza A. La semana pasada vimos el primer elemento de la armadura del creyente: la necesidad de “amarrarnos” con el cinturón de la verdad para no ser enredados por el enemigo. 1. Esa verdad es Cristo, “yo soy el camino, yo soy la verdad y yo soy la vida,” dijo él (Juan 14:6), pero la Palabra de Dios es la verdad, “santifícalos en tu verdad, tu Palabra es verdad” (Juan 17:17). 2. “¿Con qué limpiará el joven su camino? ¡Con guardar tu palabra! (Salmo 119:9). Mi querido joven que me escuchas, primero que todo, quiero que sepas que Dios te quiere mucho. Quiero que sepas que Dios entiende perfectamente bien tus luchas. 3. Sé muy bien que el enemigo te busca a ti porque no tienes experiencia. No puedes entender por qué las cosas que te parecen buenas pueden ser tan malas. Pero eso es precisamente la esencia de los ataques de Satanás. 4. Tienes que darte cuenta que estamos en guerra y que tú eres uno de los blancos más fáciles que el enemigo tiene. El Seño Jesús no quiere que caigas víctima del enemigo. Dios quiere usar a tus padres para protegerte, y a veces tú no entiendes cómo pueden ser tan “cerrados” de mente. 5. Pero no, ellos están viendo más allá porque ellos pueden pararse sobre los hombros de muchos que ya pasaron y saben bien que las decisiones equivocadas traen mucho dolor, traen separación, traen división, traen mucho sufrimiento. B. Veamos al segundo elemento de la armadura del creyente. Abre tu Biblia conmigo, Efe 6:10-14, - “Por lo demás hermanos, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. 11 Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. 12 Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñida vuestra cintura con el cinturón de la verdad, revestidos con la coraza de la justicia.” 1. Ningún general va a la guerra sin el número de soldados adecuados y el armamento necesario. Dios nunca envía a sus soldados mal preparados. A tu disposición está toda la armadura de Dios, tu papel es estar alerta. 2. En la lectura bíblica escucharon a Ruthie leer 1 Pedro 1:13, “ceñid los lomos de vuestro entendimiento.” Siempre listos, siempre alertas. 3. Como estamos en guerra necesitamos ser soldados comprometidos, dedicados, entregados a nuestra milicia; declarar una lealtad completa, una entrega total; nuestro compromiso es tal al punto de dar nuestra vida para obtener la victoria final. C. El segundo elemento es la coraza. Ningún soldado romano salía a la guerra sin ese pectoral protector. Muchas veces las batallas eran cuerpo a cuerpo, o una lanza podía ser lanzada de lejos. 1. El soldado usaba dos tipos de coraza: una contra su cuerpo hecha de lana entretejida con cuero o pezuña de caballo, y la coraza externa hecha de acero. 2. La coraza cubría
del cuello a la cintura. Protegía los órganos vitales:
hígado, pulmones, riñones, pero sobre todo la coraza
protegía el corazón y el vientre. a) El corazón para el judío era el asiento del conocimiento, “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). b) El vientre era considerado el asiento de los sentimientos y las emociones. Las malas noticias, los presagios o premoniciones se sienten en el estómago. Las cosquillas que el estomago siente, creían ellos, es fruto de los sentimientos del vientre. 5. Cuando S. Pablo traduce la importancia de proteger estos órganos con la coraza, está protegiendo las áreas de la mente y los sentimientos, dos áreas importantes, sin embargo vulnerables y a veces frágiles. D. Los ataques de Satanás son contra las cosas que la persona cree y siente. Ataca nuestra fe intelectual y ataca nuestros sentimientos. 1. Las creencias son atacadas. El enemigo está listo para alimentar nuestra mente con todo tipo de información con el propósito final de minar nuestras creencias. a) A veces escucho entre creyentes una teología que proviene más de lo que enseña Mario Alberto, Maritere, la cubana güera, ¿cómo se llama? (sabía bien que ustedes la conocen) más que de la Palabra de Dios. Espero que en esta iglesia no haya creyentes que guíen su vida por las predicciones del hermafrodita (no sé si es mujer o hombre), Walter. 2. Los sentimientos son foco de ataque. El enemigo acaba con nuestra fe inyectando desánimo a nuestras frágiles emociones. a) Lo consigue a través
de cuentos (lean, chismes), rumores, indirectas. El enemigo sabe
muy bien que eres muy sentido, que con una mala mirada o que no
te den la mirada, te sentirás herido y abatido. III. Conclusión A. La coraza que Dios provee no es una coraza común. ¿Qué importancia tiene eso para la protección de la mente y los sentimientos? 1. Si eres capaz de proteger tu corazón y tu vientre con la coraza, o sea tu mente, tus creencias básicas basadas en la verdad; si eres capaz de proteger tus sentimientos de ser heridos, serás impenetrable. 2. ¿Cómo consigo ponerme la coraza? Ponerse la coraza no quiere decir que te vas a hacer “conchudo.” Que no te va importar nada. Que te vas a hacer frío y calculado. 3. ¿Cómo define S. Pablo a esa coraza? ¡La coraza de justicia! (Efe 6:14). No es cualquier coraza. Es la justicia de Cristo Jesús. La declaración de justicia de Cristo que te hace un hijo/a de Dios. 4. Al ser hijo de Dios por el amor que nos ha dado el Padre, ¿cómo puedo yo prostituir la verdad? ¿Cómo puedo yo abandonarlo porque mis sentimientos fueron heridos? ¿Cómo puedo yo perder la comunión con los hermanos por insinuación del enemigo? B. No podemos permitir que Satanás controle nuestra mente y sentimientos. El corazón y las emociones son las dos áreas que abarcan eso que se llama ser, lo que somos como personas, como individuos. 1. Abarca nuestro conocimiento, nuestra voluntad, nuestros deseos, nuestros afectos; todo lo que nos lleva a actuar positiva o negativamente. 2. Satanás sabe que los sentimientos heridos de una persona arrastra a otras; arrastra a miembros de la familia, afecta su participación en el servicio de Dios; el enemigo te hace vivir en temor, en desconfianza. 3. Pero no, yo soy hijo de Dios. Enemigo, tú estás derrotado, tú no eres mi dueño. No puedes dictar como debo vivir mi vida. Tú no puedes tener el control de mi mente, tú no puedes destruir mi conciencia. C. Vístete con la coraza de justicia. Necesitas aceptar la justicia de Cristo para poder vencer, pero esa justicia no es la que tú puedes producir. Cristo, el que murió por ti te justifica y te hace justo. 1. No hay razón para ser derrotado. No hay razón para ser vencido. No hay razón para perder la fe, para perder lo que haz creído; no hay razón de andar con el pico caído como gallo enfermo. 2. Levántate. Puedes ser victorioso. Ven a Jesús hoy. 3. Ven Lula y cántanos. Luego todos los que esta mañana quieren obtener victoria, ven al altar. Oraremos por ti. 4. Oración. |