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La Guerra del Creyente
– 9 I. Introducción A. Efe 6:10-17 es el gran texto de S. Pablo donde no solo advierte sobre el formidable enemigo que enfrenta todo creyente, pero donde se ofrece a cada creyente las herramientas necesarias, la armadura, para no ser vencido por ese enemigo. 1. Si hay alguien aquí hoy que no ha entregado su vida a Cristo, si hay alguien que ha aceptado a Cristo Jesús, pero no ha sido bautizado; si hay alguien aquí hoy titubeando porque no se siente listo, o porque cree que necesita conocer más, o por miedo a algo o alguien, quiero decirte esta mañana que no lo postergues más. 2. Es más peligroso estar sin Cristo, es más peligroso estar fuera de la salvación que lo que es estar con él. Si sabes que Cristo Jesús te salva, si crees que Dios lo resucitó de los muertos y que se encuentra a la diestra del Padre abogando por ti, es todo lo que necesitas saber para entregarte a él y ser salvo. 3. Mira conmigo en Rom 8:31-32, “Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? 32 El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con Él todas las cosas?” 4. Dice la Palabra de Dios en Apoc 12:10 que Satanás es nuestro acusador. S. Pablo responde en Rom 8:33, “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.” ¿Quién te va a acusar si Dios está a tu lado, si Cristo aboga en tu favor? 5. Dice la Palabra de Dios que nuestros pecados nos han condenado a muerte; S. Pablo responde en Rom 8:34, “¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” 6. Fíjate ahora como queda tu situación si decides entregar tu vida a Cristo Jesús, Rom 8:35-39, - “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36 Tal como está escrito: por causa tuya somos puestos a muerte todo el día; somos considerados como ovejas para el matadero. 37 Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” 7. Para aquellos que sabemos estar en guerra, que somos parte de la gran controversia entre Cristo y Satanás, aquellos que somos atacados por el enemigo por virtud de haber echado nuestra suerte con Cristo; para aquellos que decidimos “pelear la buena batalla de la fe y echar mano de la vida eterna” (1 Tim 6:12), esta es la promesa, 1 Cor 15:57-58, - “Pero a Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. 58 Por tanto, mis amados hermanos, estad firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” - En 2 Cor 2:14 nos dice, “Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar la fragancia de su conocimiento.” -Y en 1 Juan 5:5 nos recuerda, “¿Y quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” B. Esta es la descripción
bíblica de la posición de todo aquel que está
en Cristo. Con tal protección, con tales promesas entramos
en la guerra confiados que tendremos la victoria. - “Si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Él mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo.” 2. La misma promesa que Dios le hizo a Israel en el AT, es la misma promesa hoy, Exo 14:14, “El SEÑOR peleará por vosotros mientras vosotros os quedáis quietos ante su presencia.” 3. La alabanza al Señor juega un gran papel en la derrota contra el enemigo. En una de las batallas contra Judá, fíjense lo que hicieron para obtener victoria, 2 Cron 20:22, - “Y cuando comenzaron a entonar cánticos y alabanzas, el SEÑOR puso emboscadas contra los [enemigos] que habían venido contra Judá, y fueron derrotados.” 4. Cuando sientas al enemigo acercarse, cuando sientes que tienes poca fe, cuando estés deprimido, cuando las cosas se ven difíciles, quédate quieto ante la presencia del Señor; alábale tendrás victoria. Así es como Dios espera que vivamos: de victoria en victoria un día a la vez. II. Fuego, flechas y el malvado A. Para poder vivir victoriosamente Dios no nos ha abandonado al acaso. Armadura se nos es provista. Hasta aquí hemos visto tres elementos de la armadura del creyente, Efe 6:14-15, 1. El cinturón = es
un convenio o pacto con Dios. B. La cuarta arma de defensa
la describe S. Pablo en Efe 6:16, “sobre todo, tomando el
escudo de la fe con el que podréis apagar todos los dardos
encendidos del maligno.” 2. El soldado no podía darse el lujo de andar sin su escudo. Si no eran dardos o flechas, podrían ser piedras de quienes odiaban los representantes de Roma. Los llamados “sicarios” andaban con dagas escondidas y en cualquier descuido las enterraban en el vientre del soldado. Se dice que Pedro era miembro de los sicarios. 3. Había dos tipos de escudos: uno redondo, de metal, sujetado con una mano con correas de cuero; el otro escudo era rectangular: 2.5 x 4.5 pies (.75 x 1.35 m). 4. Este escudo era de madera cubierto con acero y por encima una capa de baqueta o cuero para amortiguar el impacto de una lanza, daga o flechas ardientes. 5. Cuando Pablo dice “sobre todo” se refiere al aspecto de protección total. El escudo era capaz de cubrir todo el cuerpo. A veces en huída el soldado se metía en una fosa y usaba su escudo como cobertura. III. Conclusión A. Efe 6:16, “sobre todo…” ¿Sobre todo qué? Sobre el cinturón, sobre la coraza, sobre los zapatos, sobre toda la armadura, el escudo es la primera parada de defensa. 1. Los ejércitos antiguos luchaban casi siempre cuerpo a cuerpo. Había ocasiones que, por común acuerdo, hacían una tregua. Cesaban la batalla por una hora o más, para descansar, comer. Cuando terminaban decían, “sigamos.” Y le seguían dando. 2. En la tregua el soldado
ponía a un lado el escudo, casco y espada. El cinturón,
coraza y zapatos quedaban puestos. ¿Cómo considera
eso Pablo en la guerra del creyente? Una tontería, porque
nuestro enemigo no descansa ni duerme. 4. Hay creyentes que aun sabiendo que estamos en guerra ponen a un lado, aunque sea momentáneamente, el escudo de la fe. Toman vacaciones de Dios, o quieren usar la fe solamente cuando las cosas se ponen color de hormiga. 5. Dice Heb 11:6, “sin fe es imposible agradar a Dios.” Dice S. Pablo en Rom 14:23, “todo lo que no procede de fe, es pecado.” La fe es la mayor protección cuando Satanás te asedia. La fe, como el escudo, protege todo el ser. B. El creyente necesita estar siempre armado porque no sabe cuando va ser atacado. Siempre listo. Todo equipo de béisbol tiene 25 jugadores de los cuales solo 9 entran en campo, el resto está en la banca de reserva o en el corralón donde los lanzadores calientan. 1. Aunque no entre en juego, hay algo peculiar de cada miembro del equipo: todos están uniformados. Con bate y casco a un lado, están listos esperando la orden del manager para entrar. 2. Imagínate a un jugador entrar con su ropa civil al dug-out. Cuando el manager pregunta, “¿y el uniforme?”, responde, “¿para qué?, si al cabo estoy siempre sentado” No durará mucho en el equipo. C. Si quieres ser parte del equipo de Dios, si quieres estar entre los vencedores, tienes que ponerte el uniforme, tu fe tiene que estar siempre activada. 1. Aunque Dios está en el negocio de proteger a sus hijos, no hay nada que pueda hacer si no atiendes al manager quien te provee el uniforme. 2. Dios puede defenderte y
hacer todo por ti si él así lo quiere, pero no, Dios
no hace nada por aquel que no pone en uso lo que él mismo
nos da para nuestra defensa. 4. No me hables de tus derrotas a menos que me digas primero que hiciste con la armadura. Dios quiere hacerte victorioso dándote la fe gratuitamente. 5. S. Juan 10:28 dice que nuestra vida está escondida en Cristo, que estamos en las manos de Dios y que nadie nos arrebatará de su mano, a menos que tú lo permitas. D. Cuando la batalla se pone furiosa, en el trabajo, en la escuela o aun en tu hogar, corre y toma el escudo de la fe. ¿Para qué? Para que puedas resistir a los dardos de fuego que tanto hieren el alma y te llevan a reaccionar violentamente. 1. ¿De quién vienen estos dardos? Ya te dije que no son de tu suegra, ni de tu marido o mujer; no son del colega o jefe del trabajo. Ya te dije que no es el Genaro, ni la Pancha, ni el Guillermo, la Drusila, etc., quien lanza los dardos. 2. Efe 6:16 dice que es el maligno, el griego dice, ponerós, literalmente “el malvado.” No permitas ser tú su instrumento. 3. Cuando la batalla se pone furiosa el creyente corre y toma el escudo de la fe. Los dardos del enemigo no son contra una filosofía o sistema de creencias, los dardos son personales. 4. Satanás es un experto francotirador que solo el escudo de la fe te puede proteger. Escóndete en la fe. Escóndete en Jesús. Corre a Jesús cuando sientas que los dardos comenzarán a volar. 5. ¿Deseas esta mañana rogar al Señor como lo hicieron los discípulos, “Señor, auméntanos la fe”? (Lucas 17:5). Fe para las tormentas, fe para hoy. 6. Oremos… |