1 Juan - 8
Los Cuatro Puntos Cardinales de la Fe
Texto: Juan 2:28-3:10
(1 Juan 3:14-18)
© 2003 por Carlos Camarena

I. Introducción

A. La necesidad de permanecer firmes al caminar en amor, en la luz y la verdad se basa en cuatro dimensiones cardinales que Juan llama “los puntos cardinales de la fe.” Si vemos hacia el futuro, veremos la gloriosa esperanza de la vida eterna.

1. Si vemos hacia el pasado, veremos la experiencia de la cruz, el Calvario. Si vemos hacia adentro, veremos al E.S. obrando en nuestro interior. Si vemos hacia nuestro lado, veremos al E.S. obrando entre los Hnos., la iglesia.

2. La semana pasada pudimos ver como la permanencia en amor, la luz y la verdad tiene en vista la segunda venida de Cristo. En esta próxima sección, Juan cambia de dirección del futuro para el pasado.

3. 3:5, “Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.” Podríamos enumerar varias razones por las cuales Cristo vino a esta tierra, ¿pero la razón principal que Juan apunta aquí es? “Quitar nuestros pecados.”

II. Viendo hacia el Pasdo

A. En virtud de lo que el hizo en la cruz es porque Juan afirma lo que analizamos la semana pasada en el 6,6a, “Todo aquel que permanece en él, no peca...”

1. ¿Cómo puede haber pecando si lo que Cristo hizo en la cruz fue precisamente quitar nuestros pecados? ¿Cómo puede haber pecado en nosotros si su justicia cubre “las piedras” que entraron en nuestra vida?

2. El que ve hacia el pasado y ve a Cristo crucificado por causa de su pecado, le es incapaz de continuar pecando habitualmente. Peca porque es pecador, pero en vez de su pecado ser pecado de “comisión” o pecado propositado, su pecado es de omisión, peca porque todavía vive a este lado del cielo.

3. ¿Porqué dice esto Juan? Porque, 6:6b, “... Todo aquel que peca, no lo ha visto ni lo ha conocido.” El que vive pecando habitualmente todavía no conoció el propósito de la cruz.

4. En el 4:4 Juan define este concepto de pecado, “Todo aquel que comete pecado, infringe también la Ley, pues el pecado es infracción de la Ley.”

5. Noten que en el 3:4 la palabra “pecado” está en singular, no dice “pecados.” Pecado no son actos o un acto específico. Pecado, de acuerdo a Juan, es un espíritu desafiante contra Dios.

6. De ese “pecado” o espíritu desafiante nacen los “pecados,” en plural, del 3:5. “Pecados,” en plural viene a ser el fruto de “pecado,” en singular, del espíritu que desafía a Dios.

7. La persona puede vivir en un aparente estado de obediencia externa, pero la raiz del “pecado” todavía no fue extirpada hasta que la persona se implanta en Cristo.

B. ¿Cómo podemos ilustrar cuando la raiz continua presente? Hace algún tiempo, no diremos cuanto para proteger al culpable, viajávamos de regreso a casa.

1. Ví por el espejo retrovisor que uno de mis hijos estaba parado en el asiento sin el cinturón de seguridad. Este en particular no le gustaba ponerse el sinto. Era una renegadera constante al subir al carro.

2. Le dije dos o tres veces que se sentara y se lo pusiera y no obedecía. Finalmente le dije, si no te pones el cinto ahora, voy a parar el carro y te voy a dar una surra.

3. Minutos después le ví la cara que todavía estaba enojado. Me vio por el espejo y luego dijo, “papi, estoy sentado con el cinto, pero en mi mente todavía estoy parado sin el cinto.” Le respondí, “no me importa si viajas todo el camino parado en tu mente, siempre y cuando yo te vea sentadito con el cinto puesto.”

4. ¿No es eso lo que como iglesia a veces hacemos? No importa que tipo de vida viva una persona, siempre y cuando públicamente parezca siempre una persona respetable.

5. Pues a Dios si le importa la actitud mental. Exteriormente se puede guardar la ley, pero interiormente, en la raiz, se continuan abrazando la esencia del pecado: esta es la actitud desafiante a Dios. Cristianos habituales, pero no de corazón.

C. Cristo murió par lavar nuestros pecados. Quien fue lavado no peca deliberadamente.

1. Esto nos lleva al segundo propósito por el cual Cristo murió: el primero fue para perdonar nuestros pecados. El segundo motivo: 3:8, “El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.”

2. Cristo apareció, en el pasado, con el propósito de acabar con el pecado por la raiz: “deshacer las obras del diablo.” Si todavía hay rebeldía mental, hay una razón: la impernanencia en Cristo.

3. Cristo vino para derrotar al diablo. Cristo vino para imposibilitar sus armas y artimañas. Y aún cuando Satanás continua siendo un enemigo feroz, su poder ha sido limitado por Cristo.

4. Dice Santiago 4:7, “someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Noten que el concepto de submissión, de permanencia en Cristo resalta aquí otra vez.

II. Viendo hacia el Interior

A. Satanás trae a algunos pobres “cristianos” como trapeador. No tiene porqué ser así. Y por otro lado, ¿cómo sabemos que Dios está trabajando en la raiz? 3:7, “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo.”

1. Pero hay aún más: 3:8-9, “El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.”

2. No practica el pecado habitual. ¿Porqué? Porque ha nacido de Dios. Hay una nueva naturaleza en él. Grandes cambios comienzan a ocurrir en su vida pues ha permitido que Cristo posecione toda la casa, no apenas un cuarto que le permite uso una vez por semana.

3. Así como los hijos naturales heredan las características y la naturaleza de los padres, los hijos de Dios heredan también las características divinas.

4. Como cristianos continuamos con nuestra vieja naturaleza, pero Dios nos da una mente nueva que viene a santificar y controlar la antigua naturaleza.

B. Si el ser externo necesita alimento para sobrevivir, el ser interno, el espiritual, también necesita alimento espiritual. El cristiano no ora para hacerse justo, el que ha sido justificado ora. El cristiano no viene a la iglesia para justificarse delante de Dios, viene a la iglesia porque fue justificado.

1. Un indio guaraní en Brasil, recién convertido a Cristo, me explicó así su comprensión de la antigua y nueva naturalezas. Un pensamiento profundo sobre la victoria cristiana:

- “Yo tengo dos perros viviendo dentro de mí. Uno de ellos es muy bravo. Nadie se le puede acercar. El otro es manso. Los dos siempre se están peleando... Ud. pensaría que el perro manso siempre pierde, pero ¿sabe Pastor cuál es el perro que siempre gana?, al perro que le doy mas comida.”

2. Rom. 13:14 dice, “... vestíos del Señor Jesucristo y no satisfagáis los deseos de la carne.” Al alimentar la naturaleza divina dentro de nosotros, el “perro manso,” este siempre vencerá.

3. Mate la otra naturaleza de hambre. No le dé ni una probadita. Ud. sabe que “comida” le agrada a esta naturaleza. ¿Qué ven sus ojos? ¿Qué oyen sus oídos? ¿Qué prueba su boca? ¿Qué lee?

4. Mientras esperaba a mi esposa en un consultorio pasaban una novela brasileña. En un pedacito que logré ver al levantar la vista de mi lectura, vi a una mujer teniendo relaciones con el espíritu de un muerto...

C. El único remedio contra el pecado es ir al pasado y contemplar a Cristo en la cruz. Beber de esa fuente todos los días. Necesitamos ejercitar ese lado de la fe para poder competir con las fuerzas del mal que se avecinan en los últimos días.

1. La vida interna, la victoria sobre el pecado, la nueva naturaleza ha sido puesta por Juan como un sandwich entre el pasado, el Calvario, y el futuro, la segunda venida de Cristo.

2. Es en este ambiente, rodeado por el pasado y futuro en Cristo que el cristiano tiene victoria. Va mucho mas allá de cumplir con requisitos externos de la religión.

3. Si nuestra religión no produce gozo, armonía entre los Hnos., satisfacción, contentamiento, algo anda mal. Si el cambiarse de iglesia cree va producir los resultados, se engaña, pues el problema generalmente está en la raiz, en mi corazón.

4. Contemple a Jesús cricificado. contemple a Jesús viniendo en gloria, entonces su vida será transformada.

5. El tener a Cristo va un poquito más allá: 1. Tener a Cristo produce manifestacions prácticas: 3:10-11, “En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia y que no ama a su hermano, no es de Dios. Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros.”

7. Y continua...

3:14-18, “Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os odia. 4 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte. 15 Todo aquel que odia a su hermano es homicida y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. 16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. 17 Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? 18 Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”

8. Oremos...