1 Juan - 13
El Meollo del Amor - II
Texto: 1 Juan 4:12-16
© 2003 por Carlos Camarena

I. Introducción

A. Juan, de “hijo del trueno” a apostol del amor, demuestra la transformación que una relación con Cristo puede ocasionar. Esa transformación, dígase de paso, no ocurrió mientras Juan anduvo físicamente con Jesús, sino en su relación post-ascención de Cristo.

1. Una transformación que acontece de la misma forma que una adolescente se enamora de un artista: escuchándolo todos los días, buscando oportunidades de verlo, al pegar posters de él en la pared.

2. Es necesario escuchar a Cristo, dejar que te hable, meditar en El, visualizarlo. Los antiguos israelitas colgaban porciones de las Escrituras de sus vestidos, a la entrada de su casa, en los postes de las puertas.

3. El amor tiene que ser cultivado, regado, podado para que dé fruto. Para que dé más fruto tiene que ser diseminado como el polen.

4. La semana pasada vimos 3 realidades que posibilitan al amor humano: (1) Por lo que Dios: “Dios es amor” (4:9); (2) por lo que Dios hizo, “dio su vida en propiciación por nuestros pecados (4:11).

5. Hoy veremos la tercera realidad que posibilita el amor en el creyente:

IV. Por lo que Dios hace hoy: 4:12-16

A. Las dos realidades: Por lo que Dios es y por lo que Dios hizo nos preparan el camino para entender la última realidad: lo que Dios hace hoy.

1. Nosotros no somos meros estudiantes de la Biblia que apenas grabamos en la memoria lo que vamos aprendiendo. Nosotros no somos meros expectadores de un gran evento. Dios espera que seamos los participantes activos del evento; del gran drama de su redención. Para eso necesitamos ser los que actuamos el amor de Dios en el escenario treatral divino.

2. Leer 1 Juan 4:12-16 sin el contexto que vimos la semana pasada es como repartir las partes de un drama a cada participante viendo apenas la parte que le toca. Le será imposible saber de que se trata toda la obra.

3. Es necesario descubrir cual es la trama o el argumento de la pieza de esa gran obra divina : Dios quiere transmitir su naturaleza en nosotros para que podamos compartir su amor.


B. 4:12-16, “Nadie ha visto a Dios jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. 13 En esto sabemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. 14 Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo como Salvador del mundo. 15 El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. 16 Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor. Y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.”

1. En el principio Dios se comunicaba cara a cara con el hombre (Gen 3:8). El hombre caminaba con Dios: Enoc (Gen 5:22), Noé (Gen 6:9), Abrahán (17:1; 24:40).

2. El distanciamiento del hombre de Dios produce cambios: Dios no se comunica más cara a cara con el hombre. Pero Dios todavía toma la iniciative: se reduce a vivir en un santuario hecho de manos (Exo 25:8). Cuando Moisés lo dedicó la “gloria de Dios descendió sobre el lugar (Exo 40:33-35).

3. Dios habitaba con el pueblo, pero no con individuos. Por falta de relación con El en el santuario, durante el tiempo de Samuel la gloria de Dios se retira de en medio de su pueblo (1 Sam 4:21).

4. Solamente fue hasta que Salomón construyó el tenplo que la gloria de Dios descendió otra vez (1 Rey 8:1-11). Otra vez para estar entre su pueblo, pero no individualmente.

5. La gloria de Dios se retira de entre su pueblo una vez más durante los tiempos de Ezequiel (Eze 8:4; 9:3; 10:4; 11:22-23). Esa presencia de Dios se mantuvo alejada por más de 400 años.

6. Aún cuando restauraron el templo en tiempos de Esdras y Nehemías, la gloria del Señor no retornó. No había más Shekina en el lugar santísimo. Tampoco retorno esa presencia cuando Herodes restauró el templo otra vez en los tiempos de Cristo.

C. ¿Regresó la presencia de Dios alguna otra vez? ¿Cuándo regresó esa gloria? Juan nos dice que sí: “Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).

1. Esa gloria parecía desvanecerse cuando Cristo fue crucificado. Pero resucitó, asciende al cielo y promete enviar su representante, el E. S.

2. Diez días después de haberse ido al cielo su gloria desciende con la promesa: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16).

3. ¿Pero dónde moraría esta vez la gloria de Dios? Es la restauración de la relación perdida: esta vez moraría no en templos de piedra, sino en el corazón de cada creyente.

III. La Nueva Morada de Dios

A. Conociendo estos antecedentes podemos comprender mejor lo que Juan quiere decir en 4:12-16, “Nadie ha visto a Dios jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. 13 En esto sabemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. 14 Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo como Salvador del mundo. 15 El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. 16 Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor. Y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.”

1. La gloria de Dios se revela al mundo através de la vida de amor de sus hijos. El mundo no puede ver a Dios, pero nos ve a nosotros.

2. ¿cuál es la condición dada por Juan para que la gloria de Cristo permanezca en nosotros?, 4:16, “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor. Y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.”

B. La palabra “permanecer” aparece 3 veces en estos 5 versículos. En el original significa el vivir, morar, el hacer su habitación. Es la misma palabra “el verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:14).

1. Es el lenguaje del santuario portatil del desierto donde Dios vino a habitar con su pueblo. Ahora el habitar es individual. El lugar no donde Dios, sino donde el creyente decide habitar con Dios.

2. Dios no viene ahora y habita. Nosotros lo invitamos donde haga su habitación. Nuestros cuerpos se tornan el santuario donde Dios quiere habitar.

3. ¿Cómo puede Dios revelar su amor en nosotros? “permaneciendo,” dice Juan, o permitiendo que Dios haga su habitación en nosotros.

C. No sé si Uds. pueden captar el concepto de tener a Dios viviendo en nosotros. Los israelitas tenían que asomarse en el templo para poder ver apenas una vislumbre de la presencia divina. Mirar la gloria de Dios, ¡ni pensarlo!

1. Ahora Dios mora en nosotros por su Espíritu. El amor de Dios es proclamado en Su palabra, demostrado en la cruz, pero solo se perfecciona en el creyente através del Espíritu.

2. El creyente que tiene a Cristo habitando en él es el más poderoso testimonio del amor de Dios. El mundo no ve a Dios pero me vé a mí.

3. Decirle a la gente que Dios los ama no convence hasta que ven el amor en nuestros hechos. Jesús no solo predicó el amor, lo demostró subiendo a la cruz. Son los actos de amor hechos con sacrificio los que finalmente hacen al mundo sentir ele efecto del amor de Dios.

4. Palabras bondadosas, la manera como reprendemos, nuestra mirada, todo demuestra a un Dios que habita en mí, y de Quien somos hijos.

IV. Conclusión

A. “Dios es amor”, no es un dicho solitario y aislado de todo significado. Dios es amor es la base de la relación que el creyente tiene con Aquel que lo salvó.

1. Porque Dios me amó yo también puedo amar. Amor no es conocimiento intelectual. Tener conocimiento intelectual puede ser peligroso en las manos de quien no tiene amor, pues la tendencia es substituir el amor por el conocimiento; y este no vale nada si el amor.

2. Tenía un colega de cuarto, en un cuarto donde vivíamos 6 personas. Era un erudito de la Biblia. Es mas, se pasaba las horas estudiando la Biblia, el Esp. de Prof. y otros libros de religión.

3. ¿Su problema? Un genio infernal. ¿Qué efecto tenía todo su conocimiento para los dos compañeros de cuarto que no eran creyentes?

4. Una relación con Dios através del estudio de la Biblia no hace nada por mí si el fin es apenas cumplir con eso como requisito. Estudiar la Biblia no es el fin. El estudio de la biblia es el medio que Dios usa para transformarme.

B. A menos que conozcamos el amor de Dios no podremos testificar efectivamente por Cristo, aún cuando demos estudios bíblicos. El verdadero estudio bíblico no es enseñarle la doctrina a alguien, sino declarar el poder del evangelio.

1. El evangelio no apenas afecta nuestra vida en el abandono de malos hábitos, además lo hace con mi genio, comportamiento, disposición, gestos, miradas, intenciones, etc.

2. El amor que el creyente manifiesta descansa en tres realidades:

a) Por lo que Dios es: amor.
b) Por lo que Dios hizo: murió por nosotros.
c) Por lo que Dios hace: nos transforma a su semejanza.

3. Oremos...