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Miercoles 10 de Septiembre
2003
Consejos sólidos para relaciones frágiles - 9 “Los hijos en el hogar: ¡Qué trabajo (divino)” - 2 Texto: Efesios 6:1-4 Por Carlos C. Camarena I. Introducción A. Hace dos semanas comencé a jugar con la idea de continuar con la serie de la familia solamente los sábados. Mi preocupación está relacionada con el hecho de que algunas familias que no asisten a nuestro Oasis podrían beneficiarse con los temas que tratan directamente con los hijos. 1. La semana pasada prometí la segunda parte del tema de los hijos en el hogar. Después de hoy decidiré si regresamos a temas teológicos aquí en nuestro Oasis. 2. Las preguntas con el mayor interés tienen que ver con la disciplina de los hijos. 3. Una de las áreas más prácticas de disciplina tiene que ver con la libertad de elección. ¿Cuánto permitimos a nuestros hijos hacer o tomar sus decisiones y hasta dónde les ponemos un alto o exigimos obediencia? 4. Entiendo que este es un tópico serio para algunos porque tal vez los hijos llegaron a una edad donde ya no se pueden controlar. Quiero decirte que si tus hijos viven bajo tu techo, si tus hijos dependen de ti, si tus hijos comen de tu mesa, los vistes, esperan ciertas cosas de ti; aunque estén casados, tú como padre o madre todavía tienes ciertos derechos sobre ellos. 3. Obviamente que entre más temprano se comienza a establecer las pautas con los hijos, menor será el trabajo cuando lleguen a cierta edad. II. Los hijos: trabajo divino A. La libertad de elección es una de las cosas que los hijos esperan que les demos y como padres debemos permitirles hasta cierto punto. Eso no implica, sim embargo, dejarlos hacer lo que quieran. 1. Las decisiones que permitimos a los hijos hacer son parte de lo que yo llamo “contratos” que como padres establecemos con ellos. Debo aclarar que dejar que los hijos, desde chiquitos, hagan lo que quieran es invitar el desastre en la vida adolescente y adulta. 2. Los hijos necesitan dirección. Los hijos necesitan disciplina. Cuando escucho a alguien que dice “mis hijos son mis amigos” me alarma. Si es verdad que necesitamos ser amigos de nuestros hijos, también es verdad que antes de ser amigos somos sus padres. 3. A los padres Dios los puso en este mundo no para dejar que los hijos hagan lo que los amigos les dejan hacer, sino con la doble misión de: a) llevarlos a Cristo, salvarlos, prepararlos para la eternidad. b) Educarlos, darles una vocación. Prepararlos para la vida en esta tierra donde no estaremos con ellos para siempre. B. Cuando hablamos de dejar que los hijos elijan, tomen sus propias decisiones, por un lado, es enseñarles lo que es básico en esta vida: defenderse, sobresalir las dificultades, sobreponerse a las desavenencias de la vida. 1. La actitud permisible, por otro lado, aquella en que los dejamos hacer lo que quieran para que no se enojen conmigo, porque el niño no haga berrinches, para que me prefieran a mi sobre su padre/madre, no conseguirá los resultados deseables. 2. La única autoridad que puedo citar es nuestra experiencia como padres. Después de todo tengo cuatro hijos, y aunque no son perfectos, estamos satisfechos con lo que hemos conseguido hasta hoy. 3. Mis cuatro hijos nacieron, aunque no lo parezcan, con un carácter fuerte. Desde temprano vimos la necesidad de trabajar más fuertemente en direccionar su comportamiento. 4. La vida de ellos no siempre ha sido fácil. Hijos de pastores y hasta ancianos de iglesia viven en una “pecera.” Se supone que ellos sean el ejemplo. 5. Aunque no debiera ser porque son seres humanos; tienen niñez y adolescencia comunes, las mismas presiones que todo niño y adolescente tiene, siempre se ha esperado y se espera más de ellos. Puede parecer para ellos injusto porque fuimos nosotros, sus padres, los que escogimos esta profesión o aceptamos tal cargo en la iglesia, pero la vida es así, injusta. C. No es una queja. Entiendo que es parte del “territorio.”¿Qué se puede hacer? En mi caso, ¿qué hace un pastor y su esposa y qué puede hacer cualquier padre o madre en la cuestión de dejar a los hijos tomar decisiones? 1. ¿Hasta qué punto permitimos a los hijos decidir por si mismos? ¿Cuál es el límite? Vamos a un punto práctico cuyas aplicaciones se pueden duplicar en otros aspectos de la disciplina de los hijos. 2. Hablemos sobre la asistencia a la iglesia, la importancia de entrar a la iglesia en la hora del culto o aun el sentarse con los padres durante la hora el culto. 3. No podemos hablar de esto sin tener un conocimiento básico de la psicología infantil y del adolescente. 4. Hemos de entender que los niños son niños y tienen necesidades diferentes a la de los adultos. Niños de brazos tienen ciertas necesidades, lloran, gritan porque tienen hambre o están sucios y hay que atenderlos. Al venir a la iglesia, como padre o madre, me siento en las bancas traseras para no perturbar al entrar y salir. 5. Cuando llegan a cierta edad, tienen otras necesidades. ¿Han notado cómo les dan “ganas” de orinar y tomar agua por lo menos diez veces durante el culto? Esto es comprensible por varios motivos: a) Su nivel de atención es limitado. Note aun durante la historia para niños. Aunque el lenguaje sea apropiado, la historia interesante, etc., si la historia se pasa de 5 minutos, todos los chiquitos están inquietos. b) El lenguaje de un sermón es incomprensible para niños menores de 12 años. Si algunos adultos no entienden el vocabulario de ciertos sermones, ¡cómo esperamos que los niños lo entiendan! 6. Aunque hay ciertos niños que por naturaleza son capaces de sentarse calladitos a través de un culto de hora y media, la mayoría no. He visto padres que fuerzan a pequeñitos aguantarse el pipi, a no moverse, no les proveen nada para que hagan el tiempo pasar más rápido (aun cuando algunos de ellos los veo cabecear durante el sermón). D. ¿Qué se hace? Todo niño llega a cierta edad, aproximadamente después de los 4 o 5 años, cuando pueden razonar. Con los tales hacemos “contratos” que antes de irnos a la iglesia. “Esto es lo que espero de ti... Vas a tomar agua, vas a ir al baño... (aun así, se da lugar para que vaya por lo menos una vez durante el culto. 1. En ciertas edades les hemos provisto de libros de arte cristiano para colorear, trazar; mientras que en otra edad, a todos mis hijos les hemos provisto de un cuadernito donde apunten una palabra clave del sermón. 2. Si el predicador no dio una palabra para que los niños anoten, yo o su mamá escogemos una. La expectativa siempre fue: a) vas estar dentro de la iglesia durante la hora del culto, siempre (excepto en algún caso de emergencia al sanitario. b) Te vas a sentar con mami o papi, siempre. 3. “¿Pastor, pero si ya son adolescentes? A veces uno no puede forzarlos.” Depende del contrato que se establezca de antemano. En nuestro caso siempre hemos trabajado con “contratos.” 4. No los forzamos ni tampoco los dejamos que hagan lo que quieran, pues como me dijo un filósofo cristiano de nombre Roberto Saavedra: “a los hijos hay que tratarlos como la rienda de un animal: ni muy floja para que el animal se desvíe ni muy apretada para que se ahorque.” 5. En ese “contrato” hay cosas que los hijos esperan de nosotros como padres, estamos hablando de privilegios, no derechos. Los hijos tienen el derecho a alimentación, educación, ropa, techo, amor. Como padres tenemos el derecho del respeto, amor, obediencia. 6. Privilegio es todo aquello que va más allá de nuestras responsabilidades como padres: permitirles quedarse tarde viendo la TV, salir con amigos, comprar ciertas ropas, ir a ciertos lugares, escuchar ciertas músicas, etc. 7. Como todos los hijos esperan ciertos privilegios de sus padres, nosotros les decimos, “para que yo te otorgue el privilegio que me pides o esperas que te de, tú también debes complacernos en lo que nosotros esperamos de ti.” Este es un contrato. Una de esas cosas que yo espero es: a) estar dentro de la iglesia durante la hora del programa o culto, b) que te sientes con nosotros. 8. Hasta hoy, dos de ellos universitarios,
se sientan con nosotros durante el culto. Ya es parte de su naturaleza
porque lo han hecho desde niños. Los menores, no hacerlo
implica pérdida de ciertos privilegios. A. ¿Hasta dónde puede un padre permitir ciertas libertades de elección a sus hijos? Regresemos al asunto de los contratos. ¿Cómo dejamos a un hijo elegir? 1. Todo padre y/o madre debe tener un cuadro claro sobre las posibles consecuencias por las decisiones que le permitamos a nuestros hijos tomar y aun las decisiones que nosotros tomamos por ellos. 2. Cuando evalúas consecuencias debes preguntarte: a) ¿Será para el
bien de él/ella? 3. Lo que tu hijo/a elige o decide debe ser visto en un contexto amplio donde te haces las preguntas arriba mencionadas. Si en ese contexto mayor su decisión le será de mayor beneficio, aunque no sea mi elección, entonces le permito que lo haga sin que pierda otros privilegios. Si en el contexto mayor no será para su bien, aunque haga berrinches no se le permito. 4. Forzarlos a hacer lo que yo quiero sea por el miedo al que dirán o por mi capricho de padre, pero en el proceso produce amargura y rebeldía, puedo ganar la batalla ahora para protegerme tal vez del “qué dirán”, pero al final puedo perder la guerra. 5. Cuando tu cedes a tus hijos a tomar ciertas decisiones, no puedes actuar por impulso o por presión de ellos, ni aun por miedo al que dirán. Salvar a tu hijo es más importante que la presión al “que dirán.” 6. Necesitas tener siempre un cuadro completo que pueda definir en tu mente si está a favor en contra, ya sea a corto y largo alcance de lo que acarreará tal decisión. Es posible que a veces te equivoques, pero si actúas pensando no por el bien temporal de tu hijo/a, sino por el bien a largo plazo, especialmente por el bien eterno, tienes que tomar ese camino. 7. A veces es difícil trabajar en circunstancias cuando tu cónyuge les deja hacer lo que quieren para que no se enojen, no irritarlos, para que no lo/la vean como la mala, mientras que tú no estás de acuerdo y a ti te ven como el malo/a. B. En el proceso de trabajar con “contratos, ¿qué esperan tus hijos de ti que tu no puedas esperar de ellos? Los contratos son indispensables. 1. Dios siempre ha trabajado con “contratos” con los seres humanos. La teología bíblica del pacto tiene como centro esos contratos divinos hechos con los humanos. 2. Ese tema aparece desde Génesis hasta Apocalipsis. Dios se arriesgó cuando permitió a Adán y Eva tomar decisiones, pero en esa libertad de elección que les otorgó les hizo ver las consecuencias de la pérdida de “privilegios.” ¡Y qué privilegio perdieron nuestros primeros padres! ¡La vida eterna! 3. Cuando leemos las bendiciones
y maldiciones en Deuteronomio, nos hablan del “contrato”
o pacto que Dios hizo con Israel. 5. Oro para que éste sea el fundamento en la crianza y disciplina de tus hijos. Oro que puedas presentarlos un día salvos ante el Señor. 6. Oremos... |