Sabado 04 de Octubre, 2003
Consejos sólidos para relaciones frágiles - 12
“10 preguntas que debes hacerte antes de casarte” - 3
Texto: Eclesiastés 11:9-12:1
Por Carlos C. Camarena

I. Introducción

A. De las 10 preguntas, esta mañana regresamos con la tercera y cuarta. Antes de proseguir, no debe extrañarte la ausencia de textos bíblicos para aconsejar a quienes nunca se han casado. La realidad es que la biblia tiene muy poco a ofrecer a los solteros sobre el cortejo (dating) y noviazgo. Tenemos que recurrir a la experiencia y a las prácticas de nuestra cultura.

1. Debemos recordar que la biblia no refleja nuestra cultura en relación al cortejo y el noviazgo. En los tiempos bíblicos no existía tal cosa como “dating,” el período de cortejo que lleva al noviazgo y eventualmente al matrimonio.

2. En los tiempos bíblicos los padres escogían la novia para el hijo y éste se casaba a veces sin antes haberla visto. A veces la primera vez que se miraban era la noche de la luna de miel.

3. No encontramos, por tanto, modelos bíblicos para el noviazgo como lo practicamos hoy. La práctica de conocerse, salir juntos, planear la boda para luego avisarle a la familia, son cosas que no se encuentran en la biblia. Son prácticas modernas.

4. Si continuáramos las prácticas bíblicas en nuestros tiempos no sé cuántos matrimonios permanecieran juntos después de la primera noche. La “luna de miel” se convertiría en la “luna de hiel.” Imagínate despertar por la mañana para descubrir que pasaste la noche con la “bruja del 71.”

B. Hasta hoy hemos visto dos preguntas. ¿Qué clase de soltero soy yo?; y para los que han pasado por la experiencia del divorcio, ¿soy libre para casarme otra vez?

1. La tercera y cuarta preguntas son para ti, joven, señorita soltera que nunca haz experimentado de las alegrías y las presiones, la estabilidad y la angustia que el matrimonio puede producir. La tercer pregunta es: ¿Necesito casarme? O puede ser expresada en forma de declaración: ”¡necesito casarme!”

2. Muchos jóvenes, especialmente las señoritas, desean o creen que necesitan casarse. Esa “necesidad” viene algunas veces de ideas románticas acerca del matrimonio; ilusiones basadas en relaciones superficiales.

3. Hay jovencitas que suspiran al ver ciertas parejas por la TV casándose o por casarse. Ellas las consideran parejas “ideales.” Solo que ignoran las vidas pasadas de la mayoría de esas parejas del mundo de la farándula.

4. Las supuestamente bodas “modelo” de Hollywood generalmente terminan en pocos años y a veces en pocos meses.

5. Es posible que tengas o no tengas un novio/a. Es posible que tengas 18 o 28 años y creas que de alguna forma, por la presión social o lo que sea, necesitas casarte.

C. La respuesta a tu declaración, “¡necesito casarme!”, define el motivo por el cual te quieres casar. ¿Por qué quieres casarte? ¿Cuál es la razón? ¿Qué te motiva a querer amarrar tu vida con una persona diferente a ti? Hay muchos motivos que llevan a las personas a creer que “necesitan” casarse. Entre tantos están:

1. Quieren casar porque creen que el tren los está dejando atrás y si no se agarra del último vagón, quien sabe si pase otro tren más tarde.

2. Hay personas que se quieren casar porque quieren salir de su casa. Quieren escapar de situaciones de un padre o una madre controladora que no la/lo deja ni siquiera tener amigos. Le cuenta los minutos del reloj, y aunque pase de los 21 años lo trata como si tuviera 11.

3. Hay quienes quieren escapar de un padre o una madre que le escoge el novio/a al hijo/a. “Este me gusta, ese no me gusta.” El hijo/a debe casarse con el que le gusta a la mamá o papá. (En otra ocasión vamos a hablarles a los padres sobre este asunto).

4. Otros son motivados a casarse por presión sexual. Aunque Pablo parece ofrecer una concesión a este “motivo” (1 Cor 7:9), éste debe ir acompañado de otros factores. Irte al matrimonio guiado sólo por esa única presión te está destinando a sufrir muchos desencantos.

5. Hay quienes quieren casarse para asegurar su futuro financiero. A veces escuchamos en tono de broma, “si se me aparece un viejillo rico, me caso.” La realidad es que muchas veces no tiene que ser viejillo ni rico para querer encontrar cierto nivel de seguridad financiera en el matrimonio.

6. Otros creen que casándose todos sus problemas desaparecerán. ¡Cuidado! No creo que sea justo que le estés llevando tus problemas a un/a pobre incauto/a sin que él/ella lo sepa.

7. La declaración, “”¡necesito casarme!” habla de necesidad. Esta declaración sólo puede ser hecha por quien tiene los motivos válidos para entrar a una relación tan seria como lo es el matrimonio. Necesitas casarte si:

a) Encontraste al/la chico/a de tus sueños.
b) Ambos están enamorados.
c) Ambos tienen la edad adecuada.
d) Pueden mantenerse solos.
e) Ambos aman y sirven a Dios juntos.
f) Ambos son aceptos por sus respectivas familias.
g) Ambos tienen muchas cosas en común.

II. ¿Me puedo casar con un divorciado/a?

A. La pregunta #4 es una pregunta que demanda mucha cautela. Es una pregunta extremadamente delicada y es la siguiente: “Pastor, nunca me he casado. Nunca me he divorciado. He estado soltero/a toda mi vida y apareció alguien que me gusta, pero es divorciado/a. ¿Puedo casarme con él/ella?”

1. ¿Bajo cuáles circunstancias podría una persona soltera casarse con un/a divorciado/a? Vamos a la biblia. 1 Cor 7:27a:

2. “¿Estás unido a mujer? No procures separarte...” No podemos enfatizar lo suficiente que el ideal de Dios es que todos los creyentes que entran al matrimonio deberían procurar impedir la separación o el divorcio.

3. El cristiano, cuando mira a su matrimonio siempre mantiene la actitud: “nunca procuraré ni iniciaré la separación o el divorcio de mi compañero/a. Cuando aparezcan dificultades, diferencias, cualquier incompatibilidad, haremos todo esfuerzo para arreglar la situación, por nosotros dos y por nuestros hijos.”

4. La semana pasada mostramos que el matrimonio no se mantiene unido “a cualquier costo.” La biblia no dice eso. La biblia apoya a aquel que quiere vivir en paz con sí mismo y con Dios y cuya relación presente no lo está permitiendo.

5. Cuando todos los medios se han agotado y no se ve otra solución, entonces deberá considerarse la última opción: la separación o el divorcio.

6. La biblia es clara en el primer aspecto, 1 Cor 7:27a, “¿Estás unido a mujer [o un hombre]? No procures separarte...” Ambos creyentes deben luchar hasta el fin para mantener su relación intacta.

B. La segunda parte de 1 Cor 7:27b dice, “¿Estás libre de mujer [o marido]? No busques mujer [o marido].” La “separación” del 7:27a se refiere al divorcio, de otra manera, ¿cómo podría alguien buscar un nuevo amor si no está divorciado/a?

1. Pablo dice, si te divorciaste, no procures casarte. ¿Está el texto diciendo que es pecado casarse después del divorcio? Veamos el 7:28a, “pero también, si te casas, no pecas...”

2. ¿Entonces por qué la advertencia del 7:27b, “si estás libre no busques casarte, pero si te casas no pecas?” Esa advertencia es contra la actitud de salir de una relación matrimonial y saltar rápidamente a otra.

a) En una encuesta hecha entre creyentes, miembros de iglesias cristianas en 1970, el promedio de tiempo para un segundo matrimonio era de tres años.

b) En la encuesta del año 2000 fue de ¡tan solo 4 meses! La advertencia bíblica es contra la actitud de comenzar a buscar a alguien inmediatamente después del divorcio, y menos todavía cuando el divorcio ni siquiera se ha finalizado.

3. La advertencia es válida porque en este país el divorcio del segundo matrimonio está en el 75%. ¿Razón? Los motivos que llevan a las personas a casarse rápido después del fracaso del primer matrimonio: soledad, finanzas, presión sexual, miedo llegar sola/o a la vejez, etc, pocas veces producen las bases sólidas para una segunda relación estable.

4. Cuando Pablo dice, “¿Estás libre de mujer [o marido]? No busques otra/o,” sabemos en primer lugar no es una prohibición, sino una advertencia (como veremos más abajo).

5. La advertencia de Pablo es para que tomes el tiempo para curarte, para re-evaluar tu vida, para meditar en la Palabra de Dios, para envolverte en el servicio de Dios. Después pensarás en la posibilidad de otra relación. Si no ha ocurrido tiempo suficiente para rehacer tu vida, entonces todavía no estás listo/a.

C. 1 Cor 7:28a, “Pero si te casas, no has pecado...” El texto obviamente se refiere a los divorciados. Con declaraciones tan claras como estas es difícil entender de dónde se ha sacado el concepto de tornar un segundo matrimonio, después del divorcio, un acto pecaminoso.

1. Respondamos a la pregunta #4, “Pastor, nunca me he casado. Nunca me he divorciado. He estado soltero/a toda mi vida y apareció alguien que me gusta, pero es divorciado/a. ¿Puedo casarme con un divorciado/a?”

2. 1 Cor 7:28b, “y si la soltera se casa, tampoco peca.” El contexto en que se encuentra esta declaración es el contexto del segundo matrimonio de un divorciado/a. Si este no peca por casarse por segunda vez, ¿cómo podría pecar una persona soltera el quererse casar?

3. El contexto, obviamente, se refiere a una persona soltera que nunca se ha casado casarse con una persona divorciada. El contexto defiende la posibilidad de traducir el pasaje: “y si la soltera se casa con el divorciado, tampoco peca.”

4. En el judaísmo era práctica común que un hombre divorciado se casara con jóvenes solteras. Pablo, como judío, no ve ningún impedimento. Desde el punto de vista bíblico, no hay pecado cuando un soltero/a se casa un una persona divorciada.

5. Ahora, el hecho que teológicamente no existan impedimentos, Pablo lanza una frase de advertencia en el 7:28c, “Sin embargo, ellos tendrán problemas en esta vida, y yo os los quiero evitar.” “Ellos” se refiere al casamiento de una persona que nunca se ha casado con una persona divorciada.

6. Pablo reconoce que una cosa es tener autorización bíblica, pero otra cosa es tener la aceptación social y especial-mente la aceptación familiar.

III. Conclusión

A. Para lograr que tu matrimonio con una persona divorciada tenga éxito, hay ciertas “arrugas” que tienen que ser “planchadas” para evitar “los problemas en esta vida” que Pablo menciona.

1. En primer lugar, la pareja debe reconocer que son pocos los padres, y especialmente las madres en relación a sus hijos varones, que su hijito se case con un divorciada, o que la hija soltera se case con un divorciado.

2. Bíblicamente no hay pecado y no tiene que ser problemático, pero tienes que darte cuenta que la “subida” puede ser pesada, que los obstáculos pueden ser grandes desde un principio. Cuando hay un joven que se va a casar con una divorciada y tiene hermanas, ¡uy, va haber fuego! Esta es una imposición social y familiar, no teológica.

B. Hay otras razones por las que Pablo nos pone en alerta. Hay otras situaciones entre personas divorciadas en relación a quienes nunca se han casado.

1. Los solteros que nunca se han casado les falta experiencia. El divorciado/a viene ya con un mundo de experiencias. Han aprendido a defenderse en la vida. Han aprendido a manejar ciertas situaciones y hasta manipular otras.

2. Hay uno que otro divorciado que no es totalmente honesto/a. Cuentan historias falsas de su sufrimiento con la ex-mujer/ex-marido. “Mi mujer no me hacía de comer, me tiraba la ropa a la calle...” O, “mi marido me tenía encerrada, no me daba ni para la comida, me golpeaba,” en algunos casos era al inverso.

a) El soltero le siente lástima. Le ofrece el hombro. Aprovecha y llora, lágrimas de crocodilo. Ahora, si lo que él/ella te cuenta es verdad, quiero que sepas que él/ella está trayendo mucha ropa sucia a la relación.

b) Si es mentira todo lo que te está contando, te va a llevar al altar engañada/o. Si te engañó desde el principio, te va engañar con otras cosas. Dice Pablo, “mucho cuidado. Abre bien los ojos. Si no lo haces vas a sufrir mucho y estoy tratando de ahorrarte mucho sufrimiento.”

3. Otro problema es la aceptación familiar. Si no te lo/la aceptan será un factor que te traerá mucho sufrimiento. No más fiestas en familia, no más navidades juntos, ni año nuevo, ni Thanksgiving, etc.

B. “Pero yo lo/la amo. Me quiero casar con él/ella.” ¿Cómo le haces para saber la verdad? Si tienes alguna duda, debe haber gente que lo/la conoce.

1. Haz preguntas. Toma el teléfono. ¿Por qué no llamas a su ex-esposa/o? “No voy a hacer eso. Si él lo sabe se va enojar.” ¿Por qué? Si no tiene nada a esconder y te ama, ¿por qué se va enojar? Además, si tienes miedo desde ahora que se enoje, ¿cómo será después de casados?

2. ¿Estás segura/o que está realmente divorciado/a? ¿Cómo puedes tener confirmación de su divorcio? No hace mucho, y no muy lejos de aquí, me cancelaron una boda porque la chica descubrió con mucho dolor que el hombre que amaba y la iba llevar al altar estaba casado en su país.

3. Cuando S. Pablo advierte al posible sufrimiento lo hace para ahorrarte dolor, pero pecado no es. Ese es un problema social, no teológico.

4. Ni en el AT encontramos oposición al matrimonio con personas divorciadas. Esta es una cuestión moderna. Estoy seguro que si consigues aclarar tus dudas, suavizar las áreas ásperas, resolver tus inquietudes como la aceptación familiar, no deberías dudar que puedes y tienes el derecho de ser feliz, divorciado o no.

5. Debes responder honestamente a las siguientes preguntas:

a) ¿Encontraste al hombre/mujer de tus sueños?
b) ¿Están ambos enamorados?
c) ¿No hay mucha diferencia en la edad?.
d) ¿Ambos aman y sirven a Dios juntos?
e) ¿Son ambos aceptos por sus respectivas familias?
f) Cuando hay hijos en la relación, ¿te aceptan bien sus hijos? Si son pequeños, ¿sabes de la responsabilidad que envuelve una “ready-made” family (familia “instantánea”)?
g) ¿Tienen ambos suficientes cosas en común?

C. A todo joven el Señor aconseja, Mal 2:15, “¿Acaso Dios no hizo el cuerpo y el espíritu de ella? ¿Y qué es lo que demanda él demanda? ¡Una descendencia consagrada a Dios!" Guardad, pues, vuestro espíritu y no traicionéis a la mujer de vuestra juventud.”

1. Si eres fiel al Señor, si haces tu tarea, si mantienes tu mente abierta, esta es la promesa del Señor. Él te protegerá. Prov 2:16-17, “[Dios] te librará de la mujer ajena, de la extraña que halaga con sus palabras, 17 que abandona al compañero de su juventud y se olvida del pacto de su Dios.”

2. Oremos...