Sabado 11 de Octubre del 2003
Consejos sólidos para relaciones frágiles - 13
“10 preguntas que debes hacerte antes de casarte” - 4
Texto: Romanos 8:35-39
Por Carlos C. Camarena

I. Introducción

A. “10 preguntas que debes hacerte antes de casarte.” Temo que la pregunta de hoy, la #5, será la última que vamos a analizar. Después de hoy vienen una serie de programas.

1. Mi próximo Sábado en el púlpito será el 6 de Diciembre. Para entonces se habr[a quebrado el hilo y no se si sea sabio regresar a una serie que ha sido interrumpida por tanto tiempo. Lo dejaremos abierto y veremos.

2. La quinta pregunta, sin embargo, es una de las más fáciles de responder, pero la más difícil de aceptar por la misma naturaleza del ser humano. La pregunta es: “Yo soy creyente, soy Adventista, ¿me puedo casar con un no creyente, con un no Adventista?”

3. La respuesta a esta pregunta parece ser obvia. Por el propio sentido común, me parece que todos sabemos la respuesta, pero de alguna forma tratamos de razonar contra el sentido común.

3. Ya que el sentido común muchas veces no puede ser el único criterio, vamos a ver que dice la biblia. 2 Cor 6:14-15, “no os juntéis en yugo desigual con no creyentes, pues ¿qué tiene en común la justicia con la injusticia? ¿O qué relación hay entre la luz y las tinieblas? ¿O qué armonía tiene Cristo con Satanás? ¿O qué tiene en común un creyente con un no creyente?”

B. “No os juntéis en yugo desigual...” La palabra “yugo” pinta el cuadro de una yunta. El yugo conecta a dos animales para arar la tierra. Generalmente son dos animales de fuerza similar: dos caballos, dos bueyes o dos asnos.

1. Una práctica cruel en las comunidades rurales, en ausencia de dos animales iguales, era y es el de poner el yugo a un buey y un burro para arar la tierra. Obviamente, el buey, siendo más fuerte, hala más duro. El labrador, para que el surco quede derecho, fuerza al burro a mantenerse en linea recta. Muchas veces, al final del día, el animalito puede hasta morir.

2. Esta es una práctica tan antigua y tan cruel que en el AT encontramos a Moisés legislando contra tal práctica. Deut 22:10, “No ararás con buey y con asno juntamente.” El buey y el asno son animales incompatibles, y uno de ellos, el menos fuerte acabará pagando el precio de tal desigualdad.

3. S. Pablo toma esa figura de la vida rural y la aplica a las relaciones entre un creyente y un no creyente cuando dice, “no os juntéis en yugo desigual con no creyentes...” (2 Cor 6:14).

4. El verbo está en la voz imperativa, “no lo hagas.” Aunque Pablo no entra en detalles sobre el por qué no hacerlo, la experiencia nos dice por qué no.

5. Hay personas aquí que aceptaron el evangelio después de casados y cuyo cónyuge no lo aceptó. Estas personas saben muy bien a lo que Pablo se está refiriendo. ¡Cuán difícil es jalar en desigualdad, tratar de echar la familia hacia adelante con alguien que no quiere jalar!

a) Uno jala para allá y el otro se resiste. El otro jala para acá, y el primero se resiste. No puede pasar mucho tiempo sin que la resistencia por algún lado se quiebre.

b) Antes de establecer una amistad seria con alguien que no ama a Cristo, habla primero con alguien que vive con una persona que rechaza todo lo que tiene que ver con Cristo.

c) Pregúntale cómo es vivir con una persona que no entiende lo que tiene que ver con Dios y la iglesia. Que siempre está con el mismo canto, “¿para qué tanta iglesia?” “¿Para qué das el diezmo? “¿Para qué...? ¿Para qué...?”

5. “La justicia y la injusticia son incompatibles,” dice Pablo. “Las tinieblas y la luz no pueden vivir juntas; ¿y qué conexión hay entre Cristo y Satanás?”

6. Así como donde hay tinieblas no puede haber luz; así como en la injusticia no hay justicia, Cristo y Satanás no pueden vivir en la misma casa. Sin embargo, en lo que a las relaciones se refiere, cuando hay un creyente y un no creyente, parece que Cristo y Satanás son forzados a vivir juntos. El yugo se vuelve demasiado pesado para una sola persona.

II. Luz versus tinieblas, justicia versus injusticia

A. Con todo, encontramos a jóvenes y señoritas tratando de razonar con lo que saben no es correcto y que no va dar cierto.

1. Unas de las “razones” que más frecuentemente se escucha es: “Dios me quiere usar para que él/ella conozca a Jesús.” No voy a dudar de la sinceridad de tu testimonio, lo único que te puedo decir es que no debes envolverte emocionalmente con él/ella hasta que primero demuestre con sus actos amar a Jesús.

2. “Entonces no debo salir (date) con no creyentes. ¡No hay muchachos/as en la iglesia!” Esa reacción creo que se puede responder mejor en alguna reunión de jóvenes. Lo que yo creo es que no debes comprometer tus emociones con una persona que no ha comprometido su vida con el Señor.

3. Escúchame bien. Si la vida matrimonial ya es dura entre creyentes, quien sabe, no tienes que ir más allá que el matrimonio de tus padres “creyentes” para verificarlo, ¿cómo crees tú, o qué puedes esperar que acontezca entre un creyente y un no creyente? ¿Qué se puede esperar cuando uno no ama o teme a Dios, dónde la conciencia no incomoda, dónde la voz del Espíritu se apaga?

4. Mostrarme a una pareja de creyentes para justificar, “mira, ella se casó cuando él todavía no era creyente, ¡véanlos ahora!” no es suficiente. Esas son excepciones, no reglas.

5. Ese/a joven violó un principio divino y Dios en su gracia y por ciertas circunstancias positivas en la crianza de aquel/la joven consiguió que él/ella también viniera a Cristo, pero no siempre sucede así porque existen también circunstancias negativas en la crianza de otros que impiden el mismo resultado.

B. “¿Qué tiene en común un creyente con un no creyente?” pregunta Pablo en 2 Cor 6:15. Poco o casi nada si tú fuiste criado/a con la práctica de la asistencia a la iglesia, los clubes de Aventureros y Conquistadores, las sociedades de jóvenes, sociales de Sábado de noche, el estudio de tu lección de la Escuela Sabática, son cosas que para él serán sin sentido y aburridas.

1. Entrar en una relación amorosa con un no creyente puede ser engañosa pues él/ella puede hasta pretender interesarle como lo he visto repetirse tantas veces.

2. Hay hombres tan abusados que son mujeriegos, pero eso sí, cuando llega la hora de casarse buscan una muchacha pura, inocente, ingenua, no “correteada”.

3. En cierta ocasión, vamos a decir que fue en Brasil para que nadie comience a adivinar, se me acercó cierta persona soltera y me dice, “pastor Camarena, una vez Ud. explicó ese texto de 2 Cor 6:14-15 y dijo que se refería a asociaciones comerciales de creyentes con no creyentes, y no sobre relaciones matrimoniales, ¿no es verdad?”

4. “¿Por qué quieres saber?,” le pregunté. “No, no es por nada,” me respondió. “¿Andas enredado o quieres entrar en algún negocio con un no creyente?,” insistí. “No, no es nada...” “Haber, déjame adivinar, le dije, andas queriendo noviar con alguien fuera de la iglesia.” “¡Quien le dijo!,” me respondió asustado.

5. “Nadie me dijo. Uno puede detectar lo que hay por detrás de ciertas preguntas. Hay ciertas actitudes que hablan más alto que las palabras.”

6. Le dije que aunque el contexto inmediato no se refiere a las relaciones matrimoniales, el hecho que una asociación pura-mente comercial entre un creyente y un no creyentes ya tiene sus peligros, ¿cuánto más una relación matrimonial?

7. Creyente y no creyente. El yugo es desigual y uno de los dos va pagar las consecuencias. O acabas comprometiendo tus principios y te unes a él/ella, o eventualmente acabarás arrastrando un yugo tu solo/a. ¡Un yugo realmente pesado!

III. Conclusión

A. 1 Cor 7:39 viene a confirmar la respuesta a la pregunta, “¿me puedo casar con un no creyente?”: “La mujer casada está atada a la ley, mientras vive su marido; mas si su marido muriere, libre es: cásese con quien quisiere, con tal que sea en el Señor” (énfasis nuestro).

1. Eso debería resolver lo que S. Pablo está tratando de decirnos en 2 Cor 6:14-15. Si al viudo o viuda con experiencia se le indica que si se casa otra vez lo haga “en el Señor,”con un creyente, ¿cuánto más se aplica esto a un creyente soltero/a?

2. A pesar de toda esa evidencia, hay quienes todavía preguntan en reuniones de jóvenes, “¿por qué no pastor?” Respondo con otras preguntas: ¿Tiene un no creyente tus mismas convicciones? ¿Tiene un no creyente tus mismos principios? ¿Tiene un no creyente las mismas bases religiosas, las mismas prácticas, los mismos hábitos que los tuyos?

3. ¿Por qué no? Porque el Señor está tratando de ahorrarte muchas lágrimas, mucho dolor, mucho sufrimiento, mucho pesar, muchos desvelos, mucho insomnio, muchos dolores de cabeza y quien sabe, el Señor esté más interesado en tu propia salvación.

4. ¿Por qué no? Porque cualquier compromiso con personas del sexo opuesto debe siempre fluir de tu propio compromiso con Dios. Si no haz hecho un compromiso con Dios, si no haz puesto a Cristo en primer lugar, entonces todo vale.

5. La misma pregunta, ¿me puedo casar con un no creyente?, ni siquiera necesita ser hecha, si haz perdido de vista tu compromiso con Cristo.

B. ¿Cómo podrías comprometerte con alguien que tu bien sabes no ama a Cristo? Quien no ama a Cristo no le será difícil mentirte, ser sincero, mantenerse puro/a.

1. Tu compromiso con Cristo debe ser tal como el que S. Pablo describe en Romanos 8:38-39, “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada [como un novio, una novia, mucho menos un marido mujeriego o una mujer rencorosa] nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

2. Si tu tienes ese tipo compromiso con Cristo no querrás arriesgarlo entrando en una relación desigual, donde el yugo, donde la carga, en poco tiempo, te lo dejarán a ti solo/a.

3. El concepto del compromiso con Cristo parece ser algo que la nueva generación de creyentes no ha comprendido todavía. Tomamos todo tipo decisiones basados en nuestros sentimientos y no en nuestro compromiso con Cristo.

4. Si alguien se ofende, si alguien se despierta sin ganas de venir a la iglesia, si alguien decide no aceptar un cargo, o tantas otras decisiones como el escoger el compañero de la vida; son decisiones que son tomadas preguntándole a nuestros sentimientos y no al compromiso que hemos hecho con Cristo.

5. La decisión que tomes en cuanto a la persona con quien deseas casarte no se hace en la base del amor, ni en la base de la pasión, ni en la base de tus sentimientos, sino en la base del compromiso que haz hecho con Dios.

6. S. Pablo añade, Romanos 8:35-37, “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada [o un novio/a]? 36 Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero [rechazamos novios/as]. 37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”

7. Este es el tipo de compromiso que Dios espera. Es el tipo de compromiso que los cristianos primitivos tenían y estaban dispuestos ir hasta la hoguera por amor a Cristo.

8. Hay “creyentes” que se andan quemando en vida, pero no por amor a Cristo, sino porque entraron en contratos con no creyentes sin antes haber hecho un compromiso con el Señor.

9. Casado o soltero, ¿cómo está tu compromiso con Cristo? ¿Qué clase de contrato haz hecho con él para salvar tu alma, salvar tus hijos, salvar tu matrimonio, salvar tu futuro esposo/a?

10. El compromiso con Cristo, supuestamente aconteció el día de tu bautismo, pero haz flaqueado mucho desde entonces. ¿No quieres decirle hoy a Cristo: te he fallado, pero de ahora en adelante, pase lo que pase, venga lo que venga, quiero tener ese tipo de compromiso contigo al punto que siempre yo sepa cual es tu voluntad?

11. Llamado y oración...