Miercoles 01 de Octubre 2003
Retratos de Jesús - 2
“Y yo que pensaba conocer a Jesús”

Texto: Marcos 4:35-41
Por Carlos C. Camarena

 

I. Introducción

A. El siguiente día de nuestras vacaciones en la ciudad de Río de Janeiro planeamos pasarlo en el monte de “Cristo Redentor.” “Cristo Redentor” es una estatua gigantesca de Cristo con una vista completa de la Bahía de Guanabara, un brazo del Atlántico donde se encuentran algunas de las más bellas playas del mundo.

1. Nos levantamos temprano. Para nuestra desgracia el día estaba nublado amenazando lluvia. Pensamos pasar primero por el hospital Adventista San Silvestre esperando que el tiempo se compusiera.

2. Conocimos el hospital y sus dependencias, luego nos fuimos hacia el monte. No llovió, pero el día siguió nublado. Al llegar al pie del monte, la neblina era densa. El Cristo no se miraba.

3. Al comenzar a ascender comenzamos a cruzar por la niebla y de repente, para nuestra sorpresa, allí estaba el Cristo con sus brazos abiertos, el sol brillando sobre su rostro.

4. Recuerdo que la primera a verlo fue Elinita. Gritó, “Allí está Cristo.” Ella, con todos sus 12 añitos, subió corriendo para verlo de cerca. Al Cristo de Río de Janeiro no se lo puede apreciar de cerca. Hay que alejarse a cierta distancia para poder verlo bien. Es demasiado grande para verlo al pie de la estatua.

5. Pero no así al Cristo de los evangelios. Hay que acercársele para apreciarlo bien. El Cristo de la biblia no se le puede conocer de lejecitos como tantas personas lo hacen y todavía pretenden tener una opinión acerca de él cuando ni siquiera leen los evangelio.

B. En medio de la multitud de voces que pintan tan diferentes y variados cuadros de Jesús, ¿quién y cómo es Jesús? La semana pasada nos dimos cuenta que buscarlo en la historia y el arte es inútil. Nos confunde más.

1. Buscar el cuadro perfecto de Jesús en las iglesias parece a veces complicar su búsqueda. Se han pintado tan variados cuadros de Cristo en las iglesias a través de actitudes y doctrinas que para muchos, encontrar a Jesús allí, es casi imposible.

2. Cuando vamos a los evangelios, vemos los retratos que cuatro hombres se dignaron describir a Jesús. Aparentemente cada uno pinta un cuadro diferente de Jesús.

3. Como ni uno de los cuatro evangelistas hace una descripción física de Cristo, no tenemos detalles sobre su altura (a no ser una descripción extra-canónica que era más alto que el tamaño normal de los hombres), pero nada sobre la tes de su pie, color de sus ojos, cabello corto o largo, barba o no barba.

C. Los detalles biográficos que nos interesan a nosotros no eran de interés para los evangelistas. Detalles de su familia son tan escuetos al punto que los “expertos” todavía debaten si tenía o no hermanos y hermanas; si en realidad María tuvo o no más hijos; sobre cuántos hijos tuvo José antes de casarse con María, etc.

1. Aun cuando hay tanto silencio sobre la vida de Jesús, más libros se han escrito sobre su vida en los últimos 40 años que en los previos 1900 y pico de años.

2. Pareciera que el comentario que S. Juan hace en la conclusión de su evangelio (21:25), se estuviera finalmente convirtiendo en realidad, “Y hay también muchas otras cosas que Jesús hizo, que si se escribieran en detalle, pienso que ni aun el mundo mismo podría contener los libros que se escribirían.”

3. Investigar todo lo que se ha dicho y escrito acerca de Jesús, a mi parecer, sería para muchos más dañino que productivo para su fe.

4. Hay decenas de libros y centenas de artículos basados en la etimología (de donde se deriva) del nombre “Jesús;” sobre las lenguas que hablaba; debates sobre cuánto tiempo vivió en Nazaret o Capernaúm o Belén, etc.

5. Si Cristo, donde él está, se da cuenta de todas las cosas que pasan en la tierra, y seguramente se da, me pregunto, ¿qué dirá sobre las cosas que se escriben acerca de él, lo que la gente cree y enseña?

II. El Jesús que se puede conocer

A. Al mismo tiempo, y con frecuencia, se descubre que cuando vamos a los evangelios encontramos no solamente un cuadro claro de Jesús, sino sobre todo, el cuadro que Dios quería que todos conociéramos.

1. Dios no está interesado que obtengamos detalles de los cuadros biológicos o genealógicos de Jesús. Dios no se interesa que aprendamos detalles triviales sobre el año exacto en que nació, cuántos años vivió, ni siquiera cuántos milagros obró.

2. El propósito de los evangelios es el de pintar al Dios en la carne y el significado que eso tiene para el ser humano.

3. Marcos registra lo que puede considerarse el evento más importante de la historia, el evento que los teólogos han tratado de explicar con terminología como “propiciación.” Marcos lo describe en una frase, “Mas Jesús, dando una grande voz, espiró” (Marcos 15:37).

B. Por otro lado, muchas veces las personas que lo vieron no lo comprendieron. No entendían o no sabía explicarlo.

1. Escenas inéditas de repente saltan de las páginas de los evangelios, como el de su familia y vecinos tratando de “institucionalizarlo” con acusaciones de locura.

2. En otras ocasiones hasta sus más devotos seguidores se rascan la cabeza en confusión: “¿quién es este hombre?”

3. El mismo Jesús, cuando era desafiado, no dió mucha información acerca de su identidad. Daba claves aquí y allí, y los dejaba más confundidos cuando respondía, “bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí” (Mateo 11:6).

4. Al leer el reporte de los evangelistas es difícil no encontrar personas que no se escandalizaran en él. Hizo a mucha gente derramarsele la bilis con rabia.

5. En cierto grado los evangelistas parecen desafiar al lector a descubrir quien realmente es Jesús. Parecen jugar a las escondidas para que el lector siempre termine con la pregunta, ¿quién era realmente ese Jesús?

6. Creo que el propósito era para nunca nadie pueda llegar a la conclusión, “yo se quien es Jesús.” Tal conclusión nos llevaría a no buscarlo más, a no crecer más en su gracia. Mas manteniéndonos en perpetua “duda” continuaremos a ir en busca de él.

C. Lo que a mi, personalmente, me llama la atención y me asombra es que todas las teorías contorsionadas acerca de Jesús que han salido desde el día que fue crucificado sólo confirman el tremendo riesgo que Dios tomó al venir en forma humana.

1. Al tomar Dios la forma humana, al venir en carne y hueso, parece invitar a todos a “disecarlo,” a examinarlo. A que tú y yo, individualmente, tomemos una decisión sobre quién es ese Jesús.

2. La doctrina bíblica de un Dios que vino como viene todo hombre al mundo, con intelecto, con sentimientos y libertad de elección, no parece ser el cuadro de Jesús que la gente quiere ver.

3. Queremos ver a un ser “intocable.” Adorar un espíritu. Se nos hace difícil que ese Dios haya vivido así como nosotros en esta tierra y pasar por todas las amarguras que la vida ofrece.

4. Se nos hace más fácil, aunque no lo es, creer en su pre-existencia y en su ministerio celestial pos-ascensión, pero en términos generales preferimos hacer caso omiso a su vida terrenal como un ser humano.

III. Conclusión

A. Los evangelios fueron escritos mucho tiempo después de la muerte y ascensión de Jesús. Ellos comenzaron a compilar eventos en la vida de Jesús como lo hace un historiador moderno: entrevistando, haciendo preguntas, indagando, leyendo lo que otros han escrito.

1. Sobre todo, los evangelistas pintaron a un Jesús como lo miraron sus contemporáneos, no a un Jesús como es visto en la imaginación de quienes filman películas.

2. ¿Cómo sería mirar sobre los hombros de la multitud para poder ver a Jesús? ¿Cómo hubiera yo respondido a ese hombre si hubiera vivido en sus días?

3. ¿Lo hubiera invitado a comer en mi casa como lo hicieron María, Marta y Zaqueo?, o ¿lo hubiera enviado triste como el joven rico o traicionado como Judas?

B. Al leer los evangelios me doy cuenta que Jesús no se parece en nada al Jesús de la cabeza caída y ojos soñolientos de los cuadros que algunos pintan. Jesús era menos “manso” que lo que lo hemos pintado. Era manso, mas no “menso.”

1. A Jesús se lo ha pintado ni serio ni alegre, más bien, sin expresión. Lo hemos pintado un poco seco, alguien a quien no le gustaba reírse. Pero ese no es el Jesús de los evangelios.

2. En los evangelios encontramos a un Jesús que era frustrado por la terquedad de la gente; un Jesús que detestaba la auto-justicia; un Jesús que la injusticia lo enfurecía, pero que sin embargo, la fe sencilla lo animaba.

3. En los evangelios Jesús es mucho más emocional y espontáneo que la persona común. Mucho más pasional que lo que nos hemos imaginado.

C. Es más, entre más estudiamos a Jesús se hace más difícil describirlo, pintarlo.

1. Jesús no dijo nada contra los Romanos y la ocupación de Palestina, aunque ese era el tópico principal del pueblo y el rencor que consumía a miles de judíos.

2. Por otro lado, Jesús tomó un chicote para sacar a los vendedores ambulantes del templo para que los romanos pudieran entrar allí a adorar. Jesús instaba a la gente a obedecer la ley, mientras que era acusado de quebrarla él mismo.

3. La personalidad de Jesús era capaz de ofrecerle perdón a un extraño, mientras que a un amigo, uno de sus seguidores le dice, “retírate de mi, Satanás.”

4. Jesús atacó el amor a las riquezas y la inmoralidad, sin embargo, tenía amigos entre los ricos y las prostitutas. Con razón había quienes decían, ¿quién es ese Jesús? ¿Quién puede entender a Jesús? Él no era un ser convencional.

5. Encontramos a Jesús operando milagros un día, sanando a pueblos enteros de sus enfermedades, pero el siguiente día no sanó a nadie por su falta de fe.

6. Un día se sienta y les cuenta a sus discípulos, con libertad de detalles, los eventos de su segunda venida. Cuando sus discípulos emocionados preguntan, “¿y cuándo será?, responde calmamente, “no se. Nadie lo sabe. Ni los ángeles...Velad.” Así, ¿quién puede entender a Jesús?

7. Jesús anda por las calles haciendo milagros a la luz del día y luego le dice a uno que sanó, “no le digas a nadie.” ¿Qué es eso? ¿Quién puede entender a Jesús? ¿Quién se atreve a pintarlo?


D. ¿Cómo puede entonces alguien pretender conocer completamente a Jesús? ¿Cómo podemos decir con tanta certeza lo que Jesús enseñaba?

1. ¿Cómo pretenden algunos saber hasta lo que le gusta o no le gusta a Jesús? “A Jesús le gusta esta clase de música, esta otra no. A Jesús le gusta este estilo de culto, este otro no. A Jesús le gusta...” ¡Qué osadía!

2. Ante el Jesús de la biblia sólo podemos callarnos y adorarlo. Alguien ha dicho que los historiadores “le han quitado las garras al león de Judá y lo han certificado como mascota doméstica para calmar los nervios de viejitas piadosas.” (Dorothy Sayers en Christian Letters to a Post-Christian World, 15).

3. “Y yo que pensaba conocer a Jesús.” Este es el problema del que piensa conocer a Jesús. Siempre es sorprendido. Por eso la gente reaccionaba, “¿quién es este que aun los vientos y el mar le obedecen?” Él es el Jesús que siempre te sorprende cuando piensas ya haberlo decifrado.

D. Jesús fue un ser humano, un judío que vivió en Galilea con un nombre y una familia. Una persona que, hasta cierto punto, era igual a cualquiera de nosotros.

1. Por otro lado, fue totalmente diferente a todos nosotros. Le tomó a la iglesia más de cinco siglos para definir la frase de Hebreos 2:17, “Por lo cual, debía ser en todo semejante á los hermanos...”

2. Mientras que los Testigos de Jehová tomaron eso literalmente y lo hicieron únicamente humano, otros nos vamos al otro extremo y preferimos pintar a Jesús únicamente divino, totalmente diferente a nosotros. Nos hace sentir mejor. Pensamos, “él no podía ser como yo. Yo soy tan...”

3. Jesús fue como yo en la medida que el libro a Los Hebreos lo pinta, Hebreos 2:17-18, “Por lo cual, debía ser en todo semejante á los hermanos, para venir á ser misericordioso y fiel Pontífice en lo que es para con Dios, para expiar los pecados del pueblo. 18 Porque en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer á los que son tentados.”

4. Ese fue el único propósito. Nada más, nada menos: “socorrer a los que son tentados.” No nos perdamos en la sintaxis mientras perdemos a Jesús en el proceso.

5. “Y yo que pensaba saber quien es Jesús.” Continúa estudiando su vida y llegarás a conocerle como él es, pues conocerle es amarle y amarle es hacer su voluntad aquí en la tierra.

6. Oremos...