El Espíritu Santo – 7
“Bajo el poder de su poder”
Texto: 1 Pedro 1:6-12
© 2004 por Carlos Camarena
13 de Octubre, 2004

I. Introducción

A. Lucas 24:49, “Y he aquí, yo enviaré sobre vosotros la promesa de mi Padre; pero vosotros, permaneced en la ciudad hasta que seáis investidos con poder de lo alto.”

1. Estas fueron las últimas palabras de Jesús a sus discípulos, de acuerdo al evangelio de S. Lucas. Después de eso se despide y sube al cielo (ver S. Lucas 24:50-53).

2. 50 días después de la fiesta de la Pascua, venía una fiesta que los judíos llamaban “Pentecostés” (Shabuoth). Originalmente esta fiesta celebraba el final de la cosecha de la primavera.

3. Con el tiempo la fiesta pasó a conmemorar la ley dada a Moisés en el Sinaí, y esto era, para algunos comentaristas, el centro de la conmemoración del Pentecostés durante el primer siglo.

4. Nosotros no sabemos si los nuevos seguidores de Jesús, aun judíos, estaban juntos para celebrar la fiesta de la cosecha o si el día de la fiesta los sorprendió estando juntos en el “aposento alto” (ver Hechos 2:1).

5. ¿Qué les pidió Jesús en Lucas 24:49? “… permaneced en la ciudad hasta que seáis investidos con poder de lo alto.”

6. Esas palabras quedaron grabadas en las mentes de sus seguidores. 40 días después de su partida estaban 120 de sus seguidores esperando la promesa.

B. Veamos lo que dice el relato bíblico sobre lo que acontece luego, Hechos 2:2-3, “De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde estaban sentados, 3 y se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos.”

1. El relato continúa, Hechos 2:4, “Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse.”

2. ¡Qué experiencia maravillosa! ¿No te hubiera gustado ser miembro de esos 120? Sobre todos cayó el E. S. El E. S. es dado con dos propósitos: transformación y testificación.

3. A través del E. S. Dios quiere hacer dos cosas en la vida de cada creyente: transformarlo y convertirlo en un testigo de su poder; proclamar la verdad del poder transformador del evangelio.

4. ¿Cuántos eran? ¡120! ¿Para qué es dado el E. S.? Transformar y testificar. ¿Quiénes estaban en ese “aposento alto” en aquel día?, Hechos 1:14, “Todos éstos estaban unánimes, entregados de continuo a la oración junto con las mujeres…”

5. Hay quienes les gustaría sacar a las mujeres del grupo, pero ellas también fueron bautizadas con el E. S., pues cuando el E. S. desciende y reparte sus dones, dice S. Pablo que “lo hace como quiere” o “como bien le place” (1 Corintios 12:7, 11).

6. La comisión evangélica de predicar a Cristo es una responsabilidad de todo creyente, hombre y mujer. La Biblia no dice que la predicación es solo para los hombres o que el púlpito está reservado solo para hombres.

7. Es más, en la Biblia no aparece la palabra “púlpito.” Si es para proclamar a Cristo desde cualquier plataforma o cualquier lugar, el E. S. no hace distinción.

8. Decirle al mundo que Cristo murió, resucitó y que viene otra vez, predicarlo en toda oportunidad y cualquier lugar no se restringe solo a los hombres.

9. Para poder hacerlo hay un requisito: recibir al E. S., ser bautizado por él. Hay quienes se sienten autorizados a pararse ante un púlpito, por el hecho de ser hombres (varones), sin haber sido “investidos” con el poder de Dios. Algunos de estos impiden a las mujeres (por ser hembras), negando el poder de testificación a quienes en la mayoría de los casos han sido dotadas por Dios.

C. Ahora, el evento de aquel día fue el cumplimiento de la profecía de Joel 2:28-32, “Y sucederá que después de esto, derramaré mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones. 29 Y aun sobre los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en esos días. 30 Y haré prodigios en el cielo y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo. 31 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del SEÑOR, grande y terrible. 32 Y sucederá que todo aquel que invoque el nombre del SEÑOR será salvo…”

2. El cumplimiento de la venida del Espíritu ya había sido pronosticada por Juan el Bautista cuando dijo acerca de Jesús, Mateo 3:11, “Yo a la verdad os bautizo con agua para arrepentimiento, pero el que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitarle las sandalias; Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego.”

3. El propio Jesús la reiteró, Juan 16:7, “Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré.”

4. Pedro vio su cumplimiento no solo en el futuro, sino en la vida de Jesús, Hechos 2:22, “Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio vuestro a través de Él, tal como vosotros mismos sabéis…

5. Los seguidores de Jesús recibieron la orden de permanecer juntos. Esta fue la única condición para el recibimiento del E. S., la unidad; la unidad por la cual él oró en Juan 17.

6. He escuchado a grupos independientes y de “reforma” que dice que el remanente debe separarse de la iglesia. Usan selectiva-mente trechos del Espíritu de Profecía para su interpretación.

7. Evidentemente no se han dado cuenta que el prerrequisito para la recepción del E. S. es mantenerse juntos. No podemos ser “investidos” con ese poder para testificar hasta haber cumplido con ese requisito: permanecer juntos.

8. Lo que se pelea aquí no es mi cargo, no es mi nombre, no es sentirme importante, sino la unidad con el propósito de recibir el E. S. para testificar.

II. La presencia imprescindible

A. ¿Por qué es tan importante la recepción del E. S.? El gran predicador americano Dwight L. Moody escribió, “es como el ciego querer ver, el sordo querer oír y el muerto querer respirar aquel cristiano que trata de vivir sin el E. S.” Hay cuatro eventos que marcan la llegada del E. S. en la vida de cada persona:

1. La hora o el tiempo: El cumplimiento de la venida del E. S. es de acuerdo a las promesas de Jesús. Es él quien determina cuando el E. S. descenderá en tu vida. Cuando él decide su presencia es evidente.

2. Las circunstancias: Unidos. Hechos 2:1 dice que “estaban todos juntos en un mismo lugar.” Es importante estar unidos en propósito como iglesia, pero si no venimos juntos a un mismo lugar, el derramamiento del E. S. sobre aquel que no acostumbra venir aquí, para estar juntos, es casi imposible.

a) ¿Qué pensarían ustedes sobre este raciocinio?: “Mi familia es muy unida. A todos nos gustan las mismas cosas. Todos tenemos el mismo apellido. Todos somos de la misma religión. Somos muy unidos.”

b) ¿Y dónde vive tu familia? Unos viven en Sinaloa, otros en Chicago, otros en el Norte de California, otros vivimos aquí... – Y dime una cosa, se juntan seguido? – No, nunca nos vemos…”

c) No pueden haber mucha unidad cuando no se juntan. La unidad se descubre en el hecho de estar siempre juntos y convivir juntos a pesar de nuestras diferencias; el poner mis prioridades a un lado por el bien de la unidad del grupo.

d) Cuando el E. S. llega le presenta documentos de expulsión a todos los pleitillo y diferencias que pueda existir; saca envidias o complejos. Echa fuera el rencor o resentimiento, pues no pueden vivir donde Jesús reina.

3. La manera: ¿Han leído bien como sucedió?, Hechos 2:2-3, “De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde estaban sentados, 3 y se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos.

a) No hubo viento ni fuego. Lucas lo describe con el comparativo “como” viento, “como” fuego. Dios usa esos símbolos ya que el viento y el fuego en el A. T. eran símbolos de su presencia (ver Éxodo 3:2; 2 Samuel 5:24; Salmo 104:3).

b) Lo que aconteció el día del Pentecostés nunca más se repitió en la historia, pero eso no implica que el E. S. nunca más se ha manifestado. Por lo contrario, evidencia de su manifestación ha sido la proclamación del evangelio a todo el mundo.

4. Los efectos: No esperes ver o sentir el viento y el fuego para verificar la presencia del Espíritu. La mayoría de las veces viene en pacífica calma y tú la notas en tu vida, la notas en tu hogar. Este es el efecto del poder transformador del E. S.

a) Pero hay algo más que es tan importante como la transformación. En aquella ocasión dice Hechos 2:4, “Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse.”
b) Las lenguas tenían su propósito: predicarles a los visitantes en Jerusalén que de otra manera no hubieran conocido de Jesús y su poder.

c) Las lenguas fueron dadas, por tanto, como método de evangelización, no como método de adoración. Cuando en el imperio se expandió el uso de la lengua griega, la necesidad del don de lenguas cesó.

III. Conclusión

A. De estos cuatro uno de ellos no se volverá a repetir: la manera, pero el tiempo, las circunstancias y los efectos han estado siempre presentes a través del tiempo. S. Pablo nos insta en Efesios 5:18 “sed henchidos del E. S.”

1. Mis amados, nada nuevo se la ha añadido a la tierra desde el día que fue creada. Todos los elementos para construir un avión jet ya existían en la tierra. Sin embargo, se necesitaron casi 6000 años de historia humana para producir el primero.

2. No necesitamos esperar más tiempo ni cavar más profundo para descubrir como se recibe el E. S. y cómo éste ha de manifestarse. La única cosa que necesitamos es pedir.

3. Dice Mateo 7:7-8, “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8 Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”

4. ¿Crees eso? ¿Entonces por qué no lo haz pedido? Si no lo hemos recibido es porque no lo hemos pedido. Si lo hemos recibido a gotitas es porque estamos contentos con las gotitas.

5. Mi querida familia, hoy más que nunca, necesitamos recibir el poder del E. S. Pon un “balde” para recibirlo a chorros y no un frasquito para recibir gotitas semanales con las cuales te haz conformado.

6. Ven hoy, acéptalo. Hoy te llama. Ven. Oremos. . .