El Espíritu Santo - 10
“Ríos de aceite”
Texto: 1 Juan 5:3-5
© 2004 por Carlos Camarena
6 de Noviembre, 2004

I. Introducción

A. “No se trata de ti”, o de mí, vaso desechable, vasija de barro ni aun siendo “la luz del mundo.” Se trata de él. “¿Cómo puedo permanecer “inquebrantable” ante tantas presiones de la vida? ¿Cómo puedo brillar cuando a mi derredor todo es tan opaco?”

1. El tema de esta mañana te ayudará a aclarar el enfoque sobre cuál es tu parte y mi parte en todo esto, cuál es nuestro papel. Quiero llevarte a una historia que seguramente has leído o escuchado más de una vez, 2 Reyes 4:1-7,

- “Y una mujer de las mujeres de los hijos de los profetas clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo, mi marido, ha muerto, y tú sabes que tu siervo temía al SEÑOR; y ha venido el acreedor a tomar a mis dos hijos para esclavos suyos. 2 Y Eliseo le dijo: ¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en casa. Y ella respondió: Tu sierva no tiene en casa más que una vasija de aceite. 3 Entonces él le dijo: Ve, pide vasijas prestadas por todas partes de todos tus vecinos, vasijas vacías; no pidas pocas. 4 Luego entra y cierra la puerta detrás de ti y de tus hijos y echas el aceite en todas estas vasijas, poniendo aparte las que estén llenas. 5 Y ella se fue de su lado, y cerró la puerta tras sí y de sus hijos; y ellos traían las vasijas y ella echaba el aceite. 6 Y sucedió que cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo ella a un hijo suyo: Tráeme otra vasija. Y él le dijo: No hay más vasijas. Y cesó el aceite. 7 Entonces ella fue y se lo contó al hombre de Dios. Y él le dijo: Ve, vende el aceite y paga tu deuda, y tú y tus hijos podéis vivir de lo que quede.”

2. Es una historia sencilla, pero aun historias sencillas pueden estar cargadas de dolor. Es una historia de la Biblia, pero aun los personajes bíblicos cruzaron “el valle de sombra de muerte.”
3. Todos los que hemos experimentado el sufrimiento hemos ido a las páginas sagradas para encontrar conforto en las historias de hijos de Dios que no escaparon el sufrimiento. Pobre de aquel que no va busca a Dios como el bálsamo para su alma.

a) Tal vez hay alguien aquí que ha encontrado fortaleza en la historia de Daniel al mantenerse firme frente terribles amenazas como la del perder el empleo por fidelidad a Dios en su séptimo día.

b) Tal vez hay alguien aquí que ha encontrado fortaleza en la historia de Elías en su lucha contra el desánimo o la depresión.

c) Tal vez haya alguien aquí que como esa viuda, está por regresar a casa sin saber como podrá afrontar sus obligaciones.

B. La situación de esta viuda era común en el mundo antiguo, como lo es hoy. Hay varias cosas que complican su situación. Entre ellas está el ser la viuda de uno “de los hijos de los profetas” (4:1a).

1. Esa mujer era esposa de un profeta o quizá de un alumno de la escuela de los profetas que dirigía el profeta Eliseo. Cosas malas no deben acontecer a gente buena, pero acontecen. Los justos también se enferman y mueren. Los justos también sufren accidentes. Los justos también pierden empleo.

2. 4:1b, “… Tu siervo, mi marido, ha muerto, y tú sabes que tu siervo temía al SEÑOR...” Nosotros acostumbramos decir las cosas buenas de la gente solo cuando se encuentran en el ataúd. Y qué bueno. Imagínense que la gente ni muerta escapara las críticas.

3. Lo que para mí es más difícil en conducir funerales es cuando el fallecio no anduvo con el Señor. Los dolidos esperan escuchar solo cosas bonitas y si es posible, mandarlo al cielo.

4. 4:1b, “Tu siervo, mi marido, ha muerto, y tú sabes que tu siervo temía al SEÑOR...” No creo que sean palabras huecas de un ser dolido. La mujer testifica que su esposo no solo había sido “candil de la calle” sino también había sido luz de su casa.

5. 4:1c, “… y ha venido el acreedor a tomar a mis dos hijos para esclavos suyos.” Cuando un acreedor venía en busca de los hijos era porque en la casa no quedaba más para llevarse. Cuando no había más, los hijos eran llevados esclavos.

6. Ponte por un momento en el lugar de esa mujer. El cobrador te amenaza en llevarse a tus muchachos. ¡Vas a perder tus hijos! Por más greñudos o pelones, por más que te desesperes con ellos, vas a luchar por salvarlos, cueste lo que cueste. Si tienes que vender la casa, o no tienes casa, pero tienes carro, muebles, tu ropa, todo; te deshaces de todo por salvar a tus hijos.

7. ¡Qué extraño que en lo que no toma tanto esfuerzo no hacemos ningún sacrificio, como el pasar unos minutos con ellos cada noche estudiando su lección, no importa la edad que tengan!

8. ¡Qué extraño que no te des cuenta que tus hijos estén siendo poco a poco “secuestrados” por el enemigo y que eventual-mente los vas a perder!

9. ¡No sé que madre (o padre), antiguo o moderno, pudiera soportar tal pérdida de un hijo! En el caso de esta viuda, no solo eran estos muchachos carne de su carne, sino que representaban su única esperanza para sobrevivir en la vejez.

II. Dios derrama su aceite

A. ¿A dónde vas tú cuando te encuentras en tal desesperación? No hay welfare (servicios sociales), ni estampillas (expedidas por el gobierno americano a gente de bajos recursos para comestibles), ni seguro social (retiro), ni banco de alimentos (agencias sociales que distribuyen alimentos). En su iglesia no recogían una ofrenda para necesidades de emergencia durante la historia de los niños.

1. Aunque hubiera habido, ¿cuánto puede ayudar una ofrenda cuando la suerte de tus hijos están en juego? ¿A dónde vas tú cuando te encuentras en tal desesperación? 4:1a, “clamó a Eliseo.” Bueno, esto me complica la vida a mí si vamos a actualizar el texto. “Cuando estés en aprietos con los cobradores, llama al pastor.”
2. Deben saber que mi iglesia no acostumbra hacer esto, sin embargo, hubo en una ocasión un miembro en cierto lugar que tomó a pecho el mandato de Jesús en Lucas 14:21 donde dice, “Sal por las calles y callejones de la ciudad, y trae acá a los pobres, los mancos, los ciegos y los cojos.”

3. No pasaba una semana sin que me trajera uno de esos por. Está bien. Lo acepto. Es parte de mi ministerio. Sin embargo encuentro dos problemita:

a) En primer lugar, yo no tengo los poderes que tenía el profeta Eliseo.

b) En segundo lugar, esa mujer va al profeta porque es una cultura que busca a Dios a través de intermediarios. El sacerdocio estaba en bancarrota. Los sacerdotes de Yahweh se dedicaban a la adoración de Baal durante este tiempo. El profeta era la única persona a quien podía acudir.

4. ¿A dónde vas tú cuando te encuentras en desesperación, sabiendo que una ofrenda no va resolver tu problema? ¿Qué podía hacer el profeta en una comunidad pobre? ¿Pedirles a los seminaristas? Aquellos que hemos estudiado en internado sabemos muy bien el hambre que uno pasa.

5. El profeta le pregunta, 4:2a, “¿qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en casa.” El profeta sabía que para llegar al punto de amenazarla con llevarse sus hijos, no quedaba mucho en casa.

6. La mujer responde, “lo que tengo ni para que mencionar. - ¿Qué es?, insiste el profeta. Ella responde, 4:2b, “tu sierva tiene en casa solo una vasija de aceite.” ¡Vasija frágil, pero con aceite! ¿Se te prende el foco? ¿Ves lo que ve un predicador en esa frase?

7. Para Eliseo, el profeta de Dios que andaba ahora con “la doble porción del espíritu [del profeta] Elías” (2 Reyes 2:9-14), se le “prende el foco.” “Eso es suficiente.” “¿Cómo?”, pregunta la incrédula mujer, “sí, es suficiente”, responde el profeta.

B. “¿Suficiente?”, ha de haber pensado la mujer. “¡Pero si no tengo nada!” Recuerda, “no se trata de ti.” Los niños de la división de primarios de la Escuela Sabática aprendieron sobre la confianza en Dios esta semana.

1. ¿Cómo dice el versículo de memoria de este sábado, Marquitos?: Lucas 18:27, “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.”

2. Así como 700 años más tarde Jesús reconoció en cinco panes y dos peces la semilla de un milagro, así también el profeta Eliseo vio en su mente ríos de aceite. Le dice a la mujer, 4:3-5,

- Ve, pide vasijas prestadas por todas partes de todos tus vecinos, vasijas vacías; no pidas pocas. 4 Luego entra y cierra la puerta detrás de ti y de tus hijos y echas el aceite en todas estas vasijas, poniendo aparte las que estén llenas. 5 Y ella se fue de su lado, y cerró la puerta tras sí y de sus hijos; y ellos traían las vasijas y ella echaba el aceite.”

3. Esta historia es impresionante. Las historias seculares del tiempo cuentan cómo los magos eran capaces de producir cosas de la nada. Las historias bíblicas son diferentes. En la Biblia Dios siempre usa y multiplica aquello que ya existe, aquello que ya tenemos, lo poco o mucho que esté en nuestras manos.

4. Dios no es un mago que nos fascina con la rapidez de sus manos. No, nuestro Dios se deleita en usar lo poco que somos o tenemos, por más insignificante que parezca, aun vidas “comunes”, y las torna en bendiciones.

5. Por eso es que Eliseo le preguntó “¿qué tienes en tu casa?” ¿Les recuerda la pregunta que Dios le hizo a Moisés? Cuántas veces queremos ver milagros de la nada, pero Dios no funciona así. “La divinidad unida con la humanidad”, dice la profetiza, lo que produce milagros.

6. La bendición de Dios puede ya estar en tu casa, en algún librero, sobre alguna mesa, en algún cajón. Si sientes no estar recibiendo las bendiciones de Dios, debe haber algo que Dios ya te dio y está allí esperando ser usado por Dios.

C. ¿Cómo explicaría la viuda a sus vecinos cuando fue a pedirles jarras, botellas y garrafones vacíos? Los vecinos, seguramente, no eran “creyentes.” La viuda tenía que ir a ellos por fe, sin poder explicar, pues ni ella misma quizá sabía lo que iba suceder. Fuera lo que fuera, por la fe va a pedir. Una cosa sabía, ¡Dios va a hacer algo!

1. Llegó a su casa. Cerró la puerta. Dijo, “vengan muchachos” (4:4). Cuando empinó su vasija de aceite sobre una hoya vacía, no sé si ella si imaginó el milagro que estaba por suceder. Por eso se llama fe. Actuamos sin saber cual será el resultado. No lo puedes ver en el momento.

2. Garrafón tras garrafón, balde tras balde, botella tras botella, se llenaban de aceite dorado. El aceite fluía como un río. 4:6, “Y sucedió que cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo ella a un hijo suyo: Tráeme otra vasija. Y él le dijo: No hay más vasijas, mami. Y cesó el aceite.”

3. La historia revela un problema que se viene repitiendo vez tras vez en la vida de creyentes: Dios no da más aceite porque no presentamos ante él receptáculos vacíos.

4. Dios está “limitado” a hacer más solo en relación a tus propias limitaciones. Si Dios no da más es porque tú no estás dispuesto a recibir más.

III. Conclusión

A. Y para todos los que tienen ojos para ver, el río de aceite continúa fluyendo. El aceite de las bendiciones de Dios continuará fluyendo donde existan vasijas vacías esperando recibirlas.

1. Dios continúa dando de sí mismo y de sus riquezas siempre y cuando lleguemos vacíos a él diciendo, “Señor, no tengo nada, lléname” como lo hizo un día aquel publicano en el templo. Escuchen el siguiente canto, “con manos vacías, vengo a ti, no tengo nada que darte…”

2. Hay gente que se pregunta “¿por qué no recibo bendiciones? Por qué no siento la presencia de Dios? ¿Dónde está Dios?” Si sientes que Dios está lejos ¿quien se movió, él o tú?

3. Cuando nos detenemos en traer nuestras vidas para que él las llene, cuando pensamos que ya tenemos lo suficiente, Dios también detiene sus bendiciones. Cuando eso sucede comienza un descenso gradual hasta llegar a la desesperante pobreza del alma.

4. Cuando eso sucede comenzamos a buscar algo, alguna cosa, en los recovecos vacíos de nuestra alma. Al no encontrar nada, recurrimos a promesas falsas, hasta que comenzamos a ver como nuestros hijos son “vendidos” a la “esclavitud” de este mundo y no sabemos que hacer. Allí corre la gente, “pastor, ayúdeme… se me van…”

B. El abastecimiento del aceite celestial, del Espíritu Santo, de las bendiciones divinas se limita solo por nuestra incapacidad de recibirlas.

1. Si levantamos nuestras manos al cielo con puños cerrados nunca recibiremos ni una gota de lluvia, pero si abrimos las manos hacia Dios, podremos beber de las bendiciones celestiales.

2. Como humanos, esperamos demasiado poco de nuestro Dios. La mayoría de nosotros quedaríamos altamente sorprendidos al descubrir cuánto es que Dios está dispuesto a dar, pero no pedimos. 1 Juan 5:13-15,

- Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna. 14 Y esta es la confianza que tenemos delante de Él, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. 15 Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho.”

3. Escuchamos gente orando por corazones puros, por crecimiento espiritual, y aun por el crecimiento de la iglesia. La mayoría no tiene idea sobre lo que harían si Dios respondiera.

4. Pedimos por crecimiento espiritual, pero no se levanta una Biblia, una lección. Pedimos que Dios mande almas, y cuando llegan a la iglesia,¿, y a veces llegan solas, no hay quien las atienda.

5. ¿Por qué sucede esto? Porque la vasija está quebrada o porque no tenemos vasijas vacías para recibir la gracia de Dios. La que se encuentra vacía acaba siendo llenada con el petróleo crudo de mis propias frustraciones, de mis propias preocupaciones.

C. Si esperas poco del Señor, recibirás poco, pero si conoces la verdad, recogerás cuanta vasija puedas de tu vecindad para poder recibir los ríos de aceite que Dios tanto quiere darte.

1. Las riquezas de las bondades de Dios no pararán de fluir hasta que tú digas, “¡suficiente. No quiero más!” Recibirás de Dios solo lo que esperas de él.

2. ¿Hay vasijas vacías en tu casa? ¿Hay espacio en algún lugar de tu vida donde la riqueza de la gracia de Dios sea vaciada?

3. Dios es maravilloso, dice S. Pablo en Efesios 3:20, “Y a aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos…”

4. Escuchen la voz de Jesús al hablarles a sus vacíos discípulos, Juan 15:7, “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho.”

5. Y que tu corazón esté dispuesto a recibir del abundante amor de Dios para que puedas decir como los agradecidos labios de Job cuando dijo, “¡y la roca me derrama ríos de aceite! (Job 29:6).

6. Oremos…