Sabado 22
de Marzo, 2003
Los cimientos de una iglesia saludable
Texto: 1 Corintios 3:9-14
Por Carlos C. Camarena
I. Introducción
A. Hace algunos años
ayudé en la construcción de una capilla en
la selva amazónica. Estuve con el equipo americano
Maranatha International que se dedica a construir iglesias
y capillas en países subdesarrollados.
1. Trabajé con ellos
sólo ocho días. Durante ese tiempo tumbamos
y desarraigamos tremendos árboles. Tuvimos que excavar
sanjas de casi seis pies (poco menos de 2 metros) para poder
echar los cimientos, ya que venas de agua estaban muy a
la superficie.
2. Pensé que con
ese equipo de expertos constructores americanos, que en
los últimos tres meses habían construido más
de 20 capillas en la selva, conseguiría ver con mis
propios ojos una capilla construida en una semana.
3. Después de ocho
terribles días de sudor y piquetes de mosquito, lo
único que conseguí ver fue una plancha de
cemento. Tuve que salir pues tenía otras actividades
en la lancha Luzeiro XXV donde me asignaron aquel verano
para predicar y bautizar.
4. Me quedé un poco
decepcionado, pero no me olvido lo que me dijo el director
del proyecto, “¡Alégrate! Cuando se ha
puesto el fundamento, el trabajo más difícil
quedó atrás”.
B. Realmente, el fundamento
determina el tamaño y la resistencia de lo que se
edifica. Nunca se puede edificar más grande que lo
que el fundamento puede sostener.
1. Lo mismo es verdad en
la edificación de la iglesia, no del edificio, sino
del cuerpo de creyentes. Una iglesia, un cuerpo de creyentes
que se construye en un fundamento inadecuado jamás
alcanzará la solidez, y mucho menos el tamaño
que Dios espera.
2. Mi iglesia, por favor, y especialmente mis dirigentes,
escúchenme, por favor: Si queremos construir una
iglesia saludable, fuerte, creciente, tenemos que tomar
el tiempo para construir un fundamento sólido.
3. La construcción
espiritual me toca a mi. He tratado de hacer de Cristo nuestro
único y sólido fundamento a través
de la predicación (quienes nos acompañan en
los estudios del Oasis cada miércoles, especialmente,
son testigos de éste hecho).
4. Hemos tratado de hacer
de Cristo nuestro fundamento en nuestras relaciones sociales,
en nuestro servicio. Sin embargo, no iremos lejos hasta
que todos tengamos en mente cuál es el objetivo,
la misión, la razón por la cual esta iglesia
fue levantada por Dios en esta comunidad.
C. ¿Cuál
creen ustedes es la misión de la iglesia? ¿Cuál
es su objetivo? Quiero que seamos específicos. Yo
sé que el propósito es salvar almas y finalmente
llevarlas al cielo.
1. Pero mientras estamos
aquí en la tierra, ¿A dónde queremos
ir? ¿Cuál es nuestro objetivo, nuestra misión?
¿Ya pensaron, por ejemplo, qué vamos hacer
cuando no quepamos más en este edificio?
2. El 2 de Marzo hizo un
año que la iglesia se me entregó a mi cuidado.
Durante las últimas siete semanas mi púlpito
ha sido ocupado por otros oradores y programas especiales.
No he tenido la oportunidad de hablarles sobre “El
estado de la iglesia.”
3. Después de un
año entre ustedes, me gustaría que consideremos
cuales son los cimientos de una iglesia saludable, cimientos
que nos ayudarán a definir los objetivos y misión.
II. Construyendo
la misión de la iglesia
A. Un propósito
claro edifica el ánimo (la moral) entre dirigentes
y miembros: La misión, el propósito u objetivo
por la cual la iglesia existe siempre va dada de manos con
el ánimo, la energía, la moral que exista
entre los miembros de la iglesia. El ánimo que tengamos
determinará si vamos alcanzar nuestro objetivo o
misión o no.
1. El texto para este propósito
es, 1 Cor 1:10, “Os exhorto, pues, hermanos, por el
nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que os pongáis
de acuerdo y que no haya disensiones entre vosotros, sino
que estéis completamente unidos en la misma mente
y en el mismo parecer.”
2. La misión de
la iglesia se logra cuando hay un mismo sentir, cuando todos
sabemos el rumbo que como iglesia queremos tomar.
3. En la iglesia hay diferentes
ministerios, departamentos, programas, actividades y hasta
clubes. No hay nada más satisfactorio para mi ver
que, quien dirige cualquier cosa en la iglesia, “adueñarse”
de su área de servicio.
4. No hay nada más
refrescante venir el domingo y ver diferentes personas en
movimiento. Venir un lunes, martes, jueves de noche y ver
maestros arreglando un cuarto aquí, ensayando allá,
dando de su tiempo y energías.
5. No hay nada más
refrescante ver a diferentes ministerios organizando esto
y aquello; retiros de mujeres, campamentos de jóvenes,
salidas de este grupo y otro.
6. En medio de todo ese
movimiento maravilloso, en medio de todo ese proceso, debemos
recordar que mi departamento, mi ministerio, mi programa,
mi club, no existe para sí; es parte un conjunto.
En ningún conjunto habrá armonía si
un instrumento toca solo. La armonía se produce cuando
todos los instrumentos tocan.
7. Para alcanzar la misión
de la iglesia trabajamos todos unidos, trabajamos todos
en armonía. Las palabras de S. Pablo en 1 Cor 1:10
resuenan con intensa relevancia, “Os exhorto, pues,
hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo,
a que os pongáis de acuerdo y que nos acomodemos
unos a otros al calendario maestro de la iglesia... que
no haya disensiones entre vosotros, sino que estéis
completamente unidos en la misma mente y en el mismo parecer.”
8. Es una alegría
ver a todos los diferentes departamentos, ministerios, clubes,
programas trabajando en las diferentes actividades. Todos
con una moral, con un ánimo envidiable.
9. Sin embargo, no hay
nada como tener la madurez espiritual y emocional como para
abrir espacio a alguien que tiene también energía
y visión. En lugar de ver a otra persona como amenaza
a mi posición, debo verlo como un recurso positivo.
La cuestión aquí no es mi cargo. La cuestión
aquí es la misión de la iglesia.
10. Cuando trabajamos en
armonía con un mismo propósito, no hay tiempo
para discutir cosas triviales como sentimientos de amenaza
de que alguien se está metiendo en mi territorio.
Entre más grande la iglesia, más necesidad
habrá de usar el mayor número de personas
para fortalecer el edificio, para direccionar energías
para la misión de la iglesia.
11. Hablando del calendario
maestro de la iglesia, por ejemplo, entre más actividades
tenemos, el calendario parecerá ser más problemático.
Si cada quien pelea por su espacio en el calendario, debilitaremos
a otro ministerio cuya aportación es tan vital para
la misión de la iglesia.
12. ¿Qué
haremos? Tratar de ajustarnos lo máximo posible Habrá
ocasiones donde tendremos que ser flexibles. La actividad
de otros es tan vital para el programa total de la iglesia.
13. La realidad es que
todos estamos dentro del mismo barco. Todos vamos al mismo
rumbo. Cada ministerio, cada departamento, cada club representa
un remo.
4. Cuando todos estamos
remando el barco hacia el mismo blanco, con el mismo objetivo,
hacia la misma misión, no tenemos tiempo para sacudir
el barco (rock the boat). No hay tiempo para decir, “quita
tu remo, me está impidiendo que yo reme.” Cuando
el otro quitó su remo, debilitó el avance.
Un remo menos significa que habrá menos energía,
iremos más lento.
B. Un propósito
claro reduce la frustración: El texto para esta sección
es Isa 26:3, “Al de firme propósito guardarás
en perfecta paz, porque en ti confía” (versión
La Biblia de las Américas).
1. Un propósito
claro no solo define lo que hacemos sino como lo hacemos
y aun lo que no hacemos. Una visión clara de la misión
de la iglesia reduce frustración porque todos tienen
en mente la misión total de la iglesia. Nos damos
cuenta que todos los ministerios o departamentos, etc.,
tiene la misma importancia.
2. El secreto de la efectividad
de la iglesia es hacer lo que realmente cuenta. Nuestra
agenda particular solo toma importancia en virtud de la
agenda general, de la visión total que tenemos de
la iglesia.
3. De vez en cuando escucho
personas decir, “la iglesia debería hacer esto,
la iglesia debería hacer aquello.” Muchas de
esas sugerencias son actividades nobles, pero debemos preguntar
si tal actividad vendrá a encajarse con la misión,
si armonizará con el conjunto, el propósito
de la iglesia.
4. Por otro lado, si lo
que estamos haciendo nos sentimos como Isaías, “...
En vano he trabajado, en vano y en nada he gastado mis fuerzas...”
(49:4), es tiempo de revaluar lo que estamos haciendo. Si
no podemos ver claramente lo que estamos haciendo, es una
indicación que vamos a chocar.
C. Un propósito
claro permite la concentración: La infusión
de luz de un reflector, el enfoque, produce mucha iluminación.
La difusión de luz, la luz abierta produce menos
iluminación.
1. Al concentrar la luz
del sol sobre una hoja seca o de papel con un lente de aumento,
la quema. Esa misma hoja puede permanecer en el sol y no
le pasa nada, a no ser de ser absorbida por el suelo.
2. El principio del enfoque o concentración funciona
en otras áreas también. Una iglesia que enfoca
sus energías, su potencial humano en una tarea específica
tendrá más impacto que cada uno teniendo una
actividad solo por tenerla.
3. El texto clave para
este propósito es, Fil 3:13-14, “Hermanos,
yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa
hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome
a lo que está delante, prosigo hacia la meta para
obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo
Jesús.”
4. He visto iglesias existir
por 20, 30, 40 años sin un propósito específico.
Las cosas, funcionen o no, se siguen haciendo de la misma
forma toda una vida. La gente se desgasta haciendo lo insignificante
sin saber por qué lo hacen.
5. Es esencial para la
salud de la iglesia “limpiar la casa” periódicamente;
sentarnos para evaluar cual es la razón, el motivo,
que estamos haciendo y qué resultados estamos obteniendo
como iglesia con dada actividad o programa. ¿Lo hacemos
simplemente porque así se ha hecho toda la vida?
¿Por qué lo hacemos? ¿Cuál es
el propósito? ¿Se encaja con la misión?
6. Si el caballo se murió,
es hora de bajarse del caballo. Hay una diferencia entre
eficiencia y efectividad. Eficiencia es hacer las cosas
bien. Efectividad es hacer las cosas que tienen que ser
hechas, las cosas que tienen propósito.
7. El hecho de ser eficientes,
haciendo las cosas bien, en algo que perdió su propósito,
no implica que estamos siendo efectivos. Podemos gastar
nuestras energías en asuntos triviales, en el proceso
desgastarnos nosotros mismos sin sentido.
D. Un propósito
claro atrae la cooperación: Nadie se sube a un autobus,
avión o tren sin saber a donde va. Tampoco podemos
esperar que la gente se una a una tarea sin saber su destino.
Cuando una iglesia comunica claramente su destino las personas
se disponen a “subirse.”
1. El texto para este
propósito es Esdras 10:4, “Ten valor y dinos
que hemos de hacer... de buena gana lo haremos” (La
Biblia al Día).
2. Si tu quieres que alguien
se involucre en tu programa, tienes que explicar cual es
el propósito. Si alguien aquí desea ser miembro
de esta iglesia, por ejemplo, y hay algunas personas que
desean hacerlo, debe entender la misión de la iglesia.
Debe saber cuales son las expectativas de su compromiso
con Dios y la iglesia.
3. Hay muchos que se bautizan
y se van. Estaban convencidos. Entendieron la doctrina,
pero no entendieron: a) cuál es la misión
de la iglesia, b) cuál es el propósito de
Dios para su vida, c) cuál es su papel en esa misión.
III. Conclusión
A. Un propósito
claro ayuda en la evaluación: Concluyo con este último
principio: El texto para este propósito es 2 Cor
13:5, “Poneos a prueba para ver si estáis en
la fe; examinaos a vosotros mismos. ¿O no os reconocéis
a vosotros mismos que Jesucristo está en vosotros,
a menos de que en verdad no paséis la prueba?”
1. ¿Cómo
evaluamos el trabajo de la iglesia? No debemos hacerlo comparandonos
con otra iglesia, aunque la tentación siempre está
allí. Nuestro objetivo, nuestro propósito,
nuestra declaración de misión debe ser la
vara que determine la salud de nuestra iglesia.
2. Nos sentimos felices
ver que la iglesia se llena Sábado a Sábado,
especialmente ¡Sábado Joven! Sillas en los
pasillos se está tornando una práctica para
acomodar a la gente. El estacionamiento se llena tanto que
un día, Dios no lo permita, nos multarán si
hay una emergencia y una ambulancia, un carro de bomberos
necesita entrar.
3. Sin embargo, el número de personas en los cultos
no determina la fuerza de una iglesia. Ver la iglesia llena
no me hace brincar, “¡yuppie!” a menos
que los que aquí asisten sean parte vital del ministerio,
de la misión de la iglesia; gente que se identifique
de tal forma con la iglesia al punto de invertir su tiempo,
sus energías y sus bienes en la misión de
esta iglesia porque entienden claramente a) cual es la misión,
b) cual es su papel en esta misión. De otra manera,
se considerarán eternamente “visitas.”
4. Una iglesia puede ser
grande y fuerte o puede ser grande y aguada. ¿Por
qué? Porque la iglesia es tan saludable como lo sean
las personas que la frecuentan. Cuando unos pocos tienen
que llevar la carga de los muchos, porque los muchos no
se han identificado con la misión de la iglesia,
entonces la iglesia se debilita.
5. La calidad de la iglesia
se determina por el nivel de compromiso cristiano de cada
persona que la frecuenta. “Poneos a prueba para ver
si estáis en la fe; examinaos a vosotros mismos...”,
dice S. Pablo en 2 Cor 13:5.
6. ¿Qué determina
si estamos en la fe? Un auto-examen de mi fidelidad. Fidelidad
no es cumplir con mi compromiso de venir a la misa de Sábado,
entregar una “limosna” y ciao, Señor,
hasta el próximo Sábado.
6. El auto-examen de fe
determina mi fidelidad personal:
a) Mi fidelidad en mi relación
diaria con el Señor, mi estudio diario de la Palabra.
b) Mi fidelidad, cuando
hay niños en la familia, de asegurarme que ellos
también tienen alimento espiritual todos los días,
con el mismo compromiso que tengo que ellos coman. Mi fidelidad
que ellos sean traídos a tiempo a su clase de Escuela
Sabática.
c) Mi fidelidad en hacer
mi parte en alguno de los ministerios, programas, actividades
de la iglesia.
d) Mi fidelidad en el sostén
financiero de la iglesia porque entiendo claramente cual
es la misión de esta iglesia en esta tierra. Porque
sé cuál es mi misión.
B. El próximo Sábado quiero definir para mi
iglesia el propósito de la existencia de la iglesia,
su misión; y cómo afecta el nivel del compromiso
individual a esa misión, propósito u objetivo
de la misma.
1. Ve a casa hoy. Habla
con tu esposa/o, o con quienes vivan contigo; pregúntense
si la manera como están llevando las cosas espirituales
es un juego a “la iglesita” o es un compromiso
serio.
2. Es hora de definir mi
propósito personal del por qué vengo a esta
iglesia, por qué soy Adventista, miembro de esta
iglesia, o por qué quieres hacerte miembro de esta
iglesia.
3. Jesús dijo, “Si
alguno viene a mí, y pone primero a su padre y madre,
a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, ... antes
de mi, no puede ser mi discípulo. El que no carga
su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”
(Lucas 14:26-27).
4. Es tiempo de tomar en
serio las palabras de ese Jesús que decimos amar
y seguir. ¡Examinate a ti mismo para ver si estás
en la fe!