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A Sión Caminamos –
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A. ¿Han escuchado del pueblo que guarda los mandamientos de Dios? No, no me refiero al pueblo que los “guarda” en un armario ni aun que los guarde en la memoria. Tampoco me refiero al pueblo que cree en los mandamientos y los defiende. 1. La palabra griega threw, de donde se traduce la palabra “guardar,” puede significar ponerlos en un armario, cuidar, proteger, pero a lo que la Biblia se refiere cuando dice “aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús” (Apoc 14:12) es sobre aquellos que viven en obediencia a ellos. 2. Guardar los mandamientos es la cualidad de vivir bajo esos principios día con día. Los hebreos tenían una palabra para definir lo que era vivir en obediencia a los mandamientos: “caminar” (del hebreo halak). 3. Con razón los nuevos cristianos del NT, antes que los judíos de Antioquia burlonamente los llamaran “cristianos”, se llamaban a sí mismos “los del camino” o “los del caminar” (ver Hechos 9:1-2; 19:9, 23; 22:4; 24:22). 4. Dios quería hacer del pueblo de Israel el pueblo del caminar, to walk the talk (practicar lo que creían). Dios quiere hacer de los creyentes hoy el verdadero pueblo del camino, “los que obedecen los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús.” 5. Espero que esta sea tu decisión
esta noche al llegar a este lugar con el deseo de crecer no solo
en conocimiento, pero más importante en obediencia y en la
gracia del Señor. 1. Sin embargo, allí mismo se quejaron y murmuraron contra Dios y Moisés. Fue allí donde fueron incitados por los amalecitas a una batalla, batalla que Dios no aprobó, pero que en su misericordia les concedió la victoria (Ex 17:9). 2. Ex 19:2 nos dice que partieron de Refidim y pasaron a acampar en la llanura del monte Sinaí. Allí permanecieron casi un año. En esa llanura Dios quería enseñarles varias cosas a este bando de analfabetos ex-esclavos. 3. ¿Qué les enseñó Dios en el Sinaí? La respuesta natural es “la ley.” Si lees Éxodo, capítulos 20-31 te darás cuenta que en el Sinaí se dio mucho más que leyes; en realidad hubo más evangelio que ley. 4. Éxodo 20-31 habla más de gracia que de demandas, más de amor que de obligaciones. Notemos como comienza Ex 20:1-2, “Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: 2 Yo soy el SEÑOR tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.” 5. Más que un “no a esto, ó no a aquello,” Dios enseñó “sí a esto y sí a aquello.” Les enseñó como ser reverentes ante la presencia del Señor. Reverencia es mucho más que silencio en un templo, más que evitar que los niños corran o hagan ruido. 6. Los israelitas necesitaban ser reverentes sin entrar al santuario. Ellos tuvieron entrada limitada al templo de Salomón, sin embargo, fuera del santuario portátil debían ser reverentes. Reverencia es la realización interna que Dios está aquí. Su presencia no se le ofende ni con el pensamiento. 7. Esta historia del monte Sinaí fue escrita por dos motivos: a) que no repitamos la actitud de Israel, b) que aprendamos confiar en el Señor y obedecerle. 8. ¿Qué significa confiar plenamente en Dios? ¿Qué significa aceptar su santa dirección? Esta gente aprendió lentamente. Le tomó 40 años lo que le debía tomar 40 días. II. Un nuevo corazón A. Éxodo 20-31 nos dice que en el Sinaí Dios les enseñó higiene y como cuidar sus cuerpos para que se mantuvieran saludables. Les enseñó organización y orden. Les enseñó finanzas, no solo la importancia del diezmo, sino como administrar aquello que quedaba en sus manos, dinero que todavía es de Dios y que debe ser manejado con cuidado. 1. Se les enseñó que un 1/7 de cada semana pertenece a Dios. Fueron enseñados acerca del matrimonio, como vestirse y como aplicar los principios de esas leyes en forma individual. 2. La misericordia de Dios se vio en el Sinaí al enseñar al pueblo aun a como tratar a los esclavos. Así como ellos fueron esclavos no querrían tratar a otros como ellos fueron tratados, la implicación apostólica, “de gracia recibiste, dad de gracia.” 3. Se le enseñó como cuidar del huérfano, de la viuda, del necesitado; a ser hospitalarios con el extranjero o emigrante, auxiliar al necesitado, preocuparse del pobre. La síntesis de esas enseñanzas las encontramos en el Sermón del Monte. Allá en el desierto, en la llanura del Sinaí, pareciera que Jesús mismo estuviera hablando. B. Uno se imagina que el pueblo respondió positivamente a toda esa instrucción. Uno quiere pensar que cuando Dios habla el pueblo no solamente escucha, sino que obedece, pone en práctica lo que Dios dice. Veamos Ex 19:1-7, - “Al tercer mes de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, ese mismo día, llegaron al desierto de Sinaí. 2 Partieron de Refidim, llegaron al desierto de Sinaí y acamparon en el desierto; allí, delante del monte, acampó Israel. 3 Y Moisés subió hacia Dios, y el SEÑOR lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los hijos de Israel: 4 "Vosotros habéis visto lo que he hecho a los egipcios, y cómo os he tomado sobre alas de águilas y os he traído a mí. 5 "Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; 6 y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa." Éstas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. 7 Entonces Moisés fue y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso delante de ellos todas estas palabras que el SEÑOR le había mandado.” 1. Noten la respuesta de Israel en el 19:8, “Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho. Y llevó Moisés al SEÑOR las palabras del pueblo.” ¿Lo hicieron? 2. ¿Qué dijo Jesús sobre el deseo humano de obedecer?, “Velad y orad, para que no entréis en tentación: el espíritu a la verdad es presto, mas la carne enferma” (Marcos 14:38). 3. Noten Ex 19:4, “Vosotros habéis visto lo que he hecho a los egipcios, y cómo os he tomado sobre alas de águilas y os he traído a mí.” 4. Y de todas las cosas que el Señor ha hecho por ti y por mí, y si “estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos” (1 Cor 10:11), la pregunta más importante es, ¿cómo respondemos tú y yo? C. Antes de juzgar tan severamente a Israel, como tan a menudo osamos hacerlo, creo que Israel debía haber respondido como tú y yo debemos responder: “no podemos hacer todo lo que el Señor ha dicho.” 1. ¿Por qué debía haber sido esta la respuesta? ¿Por qué debemos responder nosotros de esa manera? Porque no hay nada que nosotros podemos hacer por nosotros mismo, por más que queramos “porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su buena voluntad” (Fil 2:13). 2. Lo que Dios quería hacer en el Sinaí tenía como propósito escribir su ley en el corazón (ver Eze 11:19-20 y 2 Cor 3:3). Dios quería que la obediencia fuera un proceso natural que brota de una relación íntima con él, que proviene del “comer maná fresco” todos los días. 3. Un nuevo corazón, eso era lo que Dios quería y eso es lo que Dios quiere. En vez que haya un lobo disfrazado de oveja tratando de comer pasto, pero odiando cada bocado, Dios quiere una completa transformación. 4. Todo aquel que encuentra difícil obedecer, todo aquel que no encuentra sabor en las cosas de Dios, es porque el lobo no puede comer pasto, tiene que tener una nueva naturaleza, ser transformado de lobo en oveja. Por eso dijo a través de Ezequiel 36:26, - “Os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros. Quitaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.” 5. Cuando el pueblo responde “haremos todo lo que el Señor pida” (Ex 19:8), el pueblo propone lo que la voluntad humana no puede cumplir. Nosotros, por causa del pecado no tenemos voluntad, no sabemos obedecer, Dios es quien hace el milagro de la transformación. III. Conclusión A. La promesa que Israel hizo demostró que esa promesa fue escrita en las arenas del desierto. Unos cuantos días después se olvidaron de la promesa. 1. Moisés se ausenta apenas 40 días para recibir la ley en el Sinaí (Ex 20-31). En ese corto tiempo, ese pueblo que no había aprendido a depender directamente de Dios, al no ver a Moisés, piden, Ex 32:1, - “Al ver el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron a Aarón y le dijeron: -- Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a Moisés, ese hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.” 2. Ahora que Moisés no está presente, demuestran que sus cuerpos pueden ir en rumbo a Canaán, pero que sus corazones están todavía en Egipto. Ex 32:8, - “Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: ‘¡Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto!’” 3. Lo que los motivaba retornar a Egipto era más que “las ollas,” su corazón estaba todavía allá. Por eso es necesario nacer otra vez. Por eso se necesita un nuevo nacimiento, una transformación, para que no se desee regresar a Egipto. 4. La no conversión nos mantiene amarrados con cuerdas invisibles. Nuestras experiencias pasadas, nuestros viejos hábitos nos prenden a Egipto y solo el poder de Cristo puede romperlos. 5. Da una mirada a algunos miserables que un día se bautizaron y entregaron su vida al Señor, pero que regresaron a Egipto, cuyos hábitos pasados no pudieron ser rotos. Mantienen en su alma “becerrillos”, ídolos de los cuales nunca se pueden deshacer. B. El pueblo razonó sus actos de la siguiente manera: “No podemos regresar a Egipto así nomás. Los egipcios nos verán con sospecha. Ellos adoran bueyes y becerros. ¿Por qué no hacer uno para cuando nos vean se den cuenta que pertenecemos a ellos?” 1. Y este sigue siendo la atracción egipcia. Se llama “comprometer principios,” cuando hacemos cosas que generalmente no hacemos, con miedo de no ser vistos diferente. 2. Otros culparon a Moisés por haberse ausentado, por no “haberles visitado.” “Si Moisés me hubiera dado una visitadita no hubiéramos adorado al becerro.” 3. Hubo tres jóvenes en otra llanura, la llanura de Dura en Babilonia que, aunque ellos estaban en Babilonia, sus corazones estaban en Jerusalén. Se rehusaron a postrarse ante la imagen. C. Moisés y Josué bajan la montaña. Frente a tal terrible ofensa contra Dios, contra Aquel que tanto había hecho, contra Aquel que los alimentó, les dio de beber, abrió el mar, maravillas vistas con sus ojos, todavía adoran un becerro, Moisés quiebra las tablas de la ley (Ex 32:19). 1. Moisés entonces (Ex 32:20) “tomó el becerro que habían hecho, lo quemó en el fuego y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas y lo dio a beber a los hijos de Israel.” 2. Ante la confrontación de Moisés con Aarón, su hermano mayor, éste responde con una excusa lerda, Ex 32:23-24, - “Ellos me dijeron: "Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a Moisés, ese hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido". 24 Y yo les respondí: "El que tenga oro, que lo aparte". Me lo dieron, lo eché en el fuego y salió este becerro.” 3. Entonces Moisés hace el llamado, Ex 32:26-28, - “Se puso a la puerta del campamento y dijo: -- Quien esté de parte de Jehová, únase a mí. Y se unieron a él todos los hijos de Leví. 27 Él les dijo: -- Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: "Que cada uno se ciña su espada, regrese al campamento y vaya de puerta en puerta matando cada uno a su hermano, a su amigo y a su pariente". 28 Los hijos de Leví hicieron conforme a lo dicho por Moisés, y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.” 4. ¿No hubo gracia en esa matanza? Lean de nuevo el 32:26. Quienes no se unieron a Moisés fue porque no quisieron. ¿Recuerdan todavía lo que es tipo y antitipo? 5. El antitipo de esta historia es el juicio final cuando los impíos sean destruidos. Éstos, sin embargo, no serán destruidos sin misericordia. Dios llama hoy. Dios dice como Moisés, “quien esté de parte de Jehová, únase a mí.” 6. (Lee en Patriarcas y Profetas, página 335 la descripción de la muerte de los 3000). Hay más misericordia en esa historia que venganza. Habla de un Dios que aun después de prostituirnos con dioses ajenos, todavía invita, “quien esté de parte de Jehová, únase a mí.” 7. No importa cuán profundo hayas caído, todavía está la invitación, “Quien esté de parte de Jehová, únase a mí.” Él te invita esta noche así como Dios invitó a Israel cientos de años después a través del profeta Ezequiel (33:11), - “Diles: ¡Vivo yo, que no quiero la muerte del impío, sino que el impío se aparte de su camino y viva!, dice el Señor Jehovah. ¡Apartaos, apartaos de vuestros malos caminos! ¿Por qué moriréis, oh casa de Israel?” 8. Esta invitación es tuya. Acéptala. Cualesquiera que sean tus pecados pasados, cometidos a sabiendas o por ignorancia, esta noche te dice, “quien esté de parte de Jehová, únase a mí.” 9. ¿Quieres? Ven al Señor. Ven ante su altar. 10. Oremos… |